Emergencia sanitaria
La Plata, tomada por ratas: abandono, hantavirus y la ciudad sin control sanitario
Basura, ratas y hantavirus avanzan mientras el municipio y la provincia miran para otro lado
26 de Enero de 2026
La ciudad de La Plata y buena parte de la provincia de Buenos Aires atraviesan una invasión que ya no se puede disimular ni relativizar. Ratas. Ratas gigantes. Roedores que dejaron de ser una imagen ocasional para convertirse en parte del paisaje cotidiano. En plazas, veredas, árboles, desagües, cloacas, entretechos de edificios y casas particulares. Animales de un tamaño que remite a verdaderas bestias urbanas, comparables con los grandes roedores que alguna vez sorprendieron en zonas del Delta, pero ahora instalados en el corazón de la ciudad.
No se esconden. Corren entre los chicos que juegan en las plazas, trepan árboles, hacen madrigueras a plena vista, se meten en restaurantes, comercios y viviendas. Se reproducen sin control, alimentadas por montañas de basura acumulada, bolsas rotas, residuos esparcidos que nadie recoge y que funcionan como un buffet permanente para los roedores. El abandono es total y el riesgo sanitario es evidente.
El hantavirus ya no es una amenaza abstracta ni una hipótesis lejana. Es una enfermedad grave, letal, instalada. Al 13 de enero ya se registraban varias muertes, y sin embargo la respuesta oficial sigue siendo la misma: recomendaciones. Folletos. Consejos para la población. Lavarse las manos, ventilar ambientes, extremar cuidados. Todo lo que el ciudadano ya sabe y todo lo que no alcanza cuando el Estado se borra de sus responsabilidades básicas.
Porque la desratización no es tarea del vecino. La limpieza estructural no es responsabilidad del que camina de a pie esquivando bolsas de basura. Proteger a la población es una obligación indelegable del gobierno municipal y provincial. Y hoy esa obligación no se cumple. No hay un plan serio, no hay operativos masivos, no hay una política sostenida de control de roedores. Hay receso. Hay vacaciones. Hay silencio.
Mientras tanto, el peligro es permanente. No hace falta vivir en una zona rural para estar expuesto. El hantavirus puede contraerse caminando por la calle, en una plaza, en un comercio, en un restaurante, dentro del propio hogar. La ciudad entera se ha convertido en un escenario de riesgo sanitario latente, donde nadie puede sentirse a salvo.
La basura sigue ahí. Las ratas siguen creciendo. Los vecinos siguen filmando, sacando fotos, denunciando. Los medios muestran todos los días lo mismo. Y la gestión municipal mira para otro lado. ¿Hay control? ¿Hay gestión? ¿Hay alguien a cargo que esté tomando decisiones? La respuesta, a la vista de los hechos, es no.
Concejales, funcionarios, responsables políticos cobran sueldos para gobernar, no para desaparecer cuando la situación se vuelve crítica. El ciudadano sigue expuesto, desprotegido, abandonado. No hay desinfección real, no hay desratización profunda, no hay un plan que ataque el problema de raíz.
Tal vez el desinterés tenga una explicación simple: el riesgo no llega a los barrios cerrados, no trepa por los jardines cuidados ni se acumula en las veredas donde no falta la limpieza. Cuando el problema no toca la puerta del poder, deja de ser urgente. Pero para el resto de los platenses y bonaerenses, el peligro está todos los días, en cada esquina.
Gobernar no es dar recomendaciones desde un escritorio ni irse de vacaciones dejando una ciudad infestada. Gobernar es anticiparse, actuar, proteger. La pregunta final es tan incómoda como inevitable: ¿cuántas muertes más hacen falta para que el municipio y la provincia decidan hacerse cargo de una vez?
