El peligro de las app de citas
De un match al horror: el riesgo oculto detras de las citas onlíne
Perfiles sin identidad, encuentros con desconocidos y una violencia que ya no avisa. Las aplicaciones de citas exponen a una sociedad que confunde conexion con seguridad.
7 de Enero de 2026
El año comenzó con un crimen que sacudió a Villa María y dejó una escena imposible de ignorar. En la mañana del 1° de enero, el cuerpo de una joven fue hallado en un descampado de esa ciudad cordobesa, oculto entre los pastizales y a pocos metros de un camino rural. El hallazgo fue realizado por un vecino que caminaba con su perro y dio aviso a la Policía.
Cuando los efectivos llegaron al lugar, se encontraron con un cuerpo sin documentación y en un estado que impedía cualquier reconocimiento inmediato. Durante varias horas, la víctima no tuvo nombre. Recién con el avance del trabajo forense y el análisis de una lesión previa al ataque, los investigadores lograron establecer su identidad. Era Delfina Aimino, de 22 años, oriunda de Villa María.
Los primeros informes periciales describieron un ataque de extrema violencia. Golpes, heridas cortantes, signos de defensa y múltiples puñaladas marcaron un escenario brutal. El cuerpo fue trasladado a la morgue judicial, mientras Policía Científica y personal de Investigaciones comenzaron a reconstruir las últimas horas de la joven.
Ese recorrido condujo rápidamente a un sospechoso. Tomás Ariel Mulinetti, de 23 años, estudiante de ingeniería electromecánica, fue detenido durante un allanamiento en una vivienda del barrio Trinitarios, sobre la calle General Lonardi. Para los investigadores, fue la última persona que tuvo contacto con la víctima antes del crimen.
La principal hipótesis sostiene que ambos se habían conocido a través de una aplicación de citas. No existía una relación previa ni un vínculo consolidado. El contacto habría sido reciente y el encuentro se habría producido pocas horas después de los festejos de Año Nuevo. Un encuentro pactado en una pantalla que terminó en una escena de violencia extrema.
Y es ahí donde el caso deja de ser solo un expediente judicial para convertirse en una advertencia social. La violencia ya no aparece únicamente en contextos previsibles. Hoy se filtra en los teléfonos, en los perfiles anónimos y en las aplicaciones que prometen encuentros rápidos sin advertir sobre los riesgos reales.
Las apps de citas funcionan sobre una base frágil: la confianza en lo que no se conoce. Fotos que pueden no ser reales, nombres que no dicen nada, identidades imposibles de verificar. Detrás de un perfil prolijo puede esconderse cualquier cosa. Y cuando el encuentro deja de ser virtual, el peligro deja de ser hipotético.
Citarse con un desconocido implica entregar tiempo, datos y presencia física a alguien sin historia, sin referencias y sin contexto. No hay red de contención ni margen de error. Lo que empezó como un intercambio digital se convierte, de un segundo a otro, en una situación donde ya no existe el botón de bloqueo.
La violencia no responde a etiquetas ni discursos. Es violencia, sin más. Aparece cuando se combinan anonimato, confianza ciega y una falsa sensación de seguridad. Casos recientes, con víctimas y agresores de todo tipo, lo demuestran con crudeza.
El problema no es la tecnología, sino el uso despreocupado de herramientas que no garantizan identidades ni protegen a quienes las utilizan. Las plataformas no acompañan cuando el riesgo se vuelve real y la responsabilidad termina recayendo en personas que creyeron estar yendo a una cita.
Hablar de prevención no es sembrar miedo. Es exigir conciencia. Entender que no todo perfil es verdadero, que no toda historia es cierta y que no todo encuentro con un desconocido es inofensivo. La violencia ya no golpea la puerta: hoy se presenta con una foto atractiva y un mensaje amable. Y frente a eso, mirar para otro lado también es una forma de riesgo.
