Salud mental, la epidemia invisible
Brutal ataque en City Bell: Una mujer termino con la cabeza abierta tras ser golpeada salvajemente con un palo de amasar
La victima termino con la cabeza abierta y un dedo fracturado tras ser golpeada con un palo de amasar por una mujer psiquiatrica. Los vecinos denuncian años de amenazas, delirios y abandono estatal y temen que la agresora quede en libertad, ya que en repetidas ocasiones se la ha llevado la policia y luego la vuelven a dejar libre.
12 de Enero de 2026
Lo que ocurrió hoy por la mañana en City Bell no fue un episodio aislado ni un hecho inesperado. Fue el resultado de una situación largamente advertida, ignorada y dejada crecer hasta convertirse en una amenaza concreta. La violencia no apareció de golpe: estaba ahí, a la vista de todos, y nadie hizo nada.
La víctima se llama Carolina. Vive en la zona de calle 18 y Pellegrini y fue atacada salvajemente por una vecina que reside en la misma cuadra, una mujer con evidentes trastornos psiquiátricos y antecedentes de conductas violentas, conocida por los vecinos por sus delirios, amenazas y agresiones reiteradas.
El ataque ocurrió mientras Carolina observaba cómo su hija sacaba el auto. En ese momento, la agresora se encontraba sacando la basura y comenzó a hablar sola, como suele hacerlo, murmurando frases inconexas. De pronto, se dirigió directamente a ella y lanzó una amenaza brutal: “te voy a cuchillar a vos y a toda tu familia”.
El comentario fue tan inesperado que Carolina quedó completamente desorientada. Apenas alcanzó a responder: “¿pero qué te pasa?”. No hubo más diálogo. La mujer sacó un palo de amasar del bolso y comenzó a golpearla con una violencia descontrolada, directo a la cabeza.
“Era algo tremendo, me pegaba sin parar. Tenía una fuerza increíble. Su intención era matarme”, relató la víctima. Carolina cayó al suelo, completamente ensangrentada, intentando defenderse como podía. Al frenar varios golpes con las manos sufrió la fractura de un dedo, lesión que requerirá una operación.
Cuando llegó la policía, la escena era desesperante: Carolina estaba tirada en el piso, bañada en sangre. La agresora, lejos de mostrar arrepentimiento o confusión, comenzó a relatar un delirio absoluto. Aseguró que la víctima había llegado acompañada por diez hombres para violarla y que ella “se tuvo que defender”.
Durante horas habló de vecinos ladrones, violadores, enemigos inexistentes. Dijo que todos la quieren atacar, que todos la quieren violar. Según los vecinos, este tipo de relatos son habituales: vive en un estado permanente de paranoia, ve amenazas donde no existen y reacciona con extrema agresividad. También afirmó tener cuchillos y armas, y ya había protagonizado otros episodios graves, como disparar con un aire comprimido contra un obrero y agredir a una menor arrojándole una fruta en la cabeza.
Nada de esto era desconocido en el barrio. Los vecinos aseguran que conviven con el miedo desde hace tiempo, que no pueden vivir tranquilos, que nunca saben cuándo va a volver a atacar. Denunciaron insultos constantes, amenazas sin motivo y un clima permanente de tensión. Lo advirtieron. Nadie escuchó.
La mujer fue trasladada a la Comisaría Primera de La Plata, la denuncia quedó caratulada como lesiones graves, principalmente por la fractura sufrida por la víctima. El fiscal de la causa es Juan Condomi Alcorta. Según la primera evaluación médico-policial, estaría ubicada en tiempo y espacio y sería consciente de sus actos. Y ahí aparece el mayor temor de todos: que quede libre y vuelva al barrio.
Este caso expone con crudeza una realidad que se repite cada vez más: personas con cuadros psiquiátricos severos, sin tratamiento adecuado, sin contención familiar ni estatal, viviendo solas, descompensadas y con antecedentes de violencia, circulando libremente entre vecinos indefensos. No se trata de estigmatizar, se trata de proteger. Estas personas son un peligro para sí mismas y para terceros cuando no están en condiciones de manejar su conducta.
La pandemia y la cuarentena dejaron secuelas profundas que nadie se ocupó de atender. Aislamiento prolongado, deterioro psicológico, patologías agravadas, abandono del sistema de salud mental. Hoy se ven las consecuencias: violencia desatada, delirios sin control y barrios enteros viviendo con terror.
¿Dónde está el Estado cuando los vecinos advierten que alguien no está en condiciones de convivir en comunidad? ¿Dónde están los familiares que deberían hacerse cargo y no mirar para otro lado? ¿Cuántas veces hay que esperar a que alguien termine con la cabeza abierta para que recién se actúe?
Carolina sobrevivió. Pero el miedo quedó instalado. Y la pregunta que recorre City Bell es una sola: si esta mujer vuelve a quedar libre, ¿quién será la próxima víctima?
