Aire que enferma
Contaminación sin control en La Plata Berisso y Ensenada
El Gran La PLata respira contaminación, industrias, autos y residuos elevan los riesgos para la salud, mientras el Polo Petroquimico sigue sin freno.
4 de Febrero de 2026
El aire del Gran La Plata vuelve a estar en el centro de la polémica. Un reciente relevamiento de la plataforma internacional Climate Trace encendió nuevas alertas al ubicar a La Plata, Berisso y Ensenada entre las zonas con peor calidad atmosférica del país, con niveles de contaminación que superan ampliamente los parámetros recomendados para cuidar la salud de la población.
El sistema, que combina análisis satelital con inteligencia artificial para medir emisiones en todo el mundo, detectó altas concentraciones de partículas finas PM2.5 y dióxido de nitrógeno, dos contaminantes estrechamente vinculados a problemas respiratorios, cardiovasculares y enfermedades crónicas que afectan silenciosamente a miles de vecinos.
Los ojos apuntan, una vez más, al Polo Petroquímico que atraviesa la región. Allí conviven refinerías, plantas industriales y centrales termoeléctricas que liberan de manera constante gases y residuos tóxicos al ambiente, consolidando un foco de contaminación que parece no tener freno ni controles suficientes.
A este panorama se suma un parque automotor en crecimiento permanente. Cada año circulan más vehículos por calles y rutas de una zona ya saturada, multiplicando las emisiones y empeorando la calidad del aire que se respira a diario.
La gestión de los residuos urbanos también juega su parte en este escenario. Basurales, quema de desechos y sistemas de tratamiento ineficientes contribuyen a un cóctel contaminante que impacta directamente en la vida cotidiana de la gente.
El problema no es nuevo, pero sí cada vez más grave. Mientras la región sigue expandiéndose y las industrias continúan operando sin mayores restricciones, los vecinos pagan el costo con su salud. El Polo Petroquímico, corazón productivo para algunos y amenaza latente para otros, se erige como el símbolo de un modelo que prioriza la ganancia por sobre el bienestar ambiental. Hasta que no se tomen decisiones firmes para regularlo y reducir sus emisiones, el aire del Gran La Plata seguirá cargando con las consecuencias de una contaminación que asfixia a toda la comunidad.
