Violencia sin freno
Discusión, obsesión y un auto como arma: intento matar a su pareja
Lo atropello de manera intencional tras una pelea.
18 de Enero de 2026
La violencia volvió a mostrar su peor cara en Abasto. Una discusión de pareja terminó en un intento de homicidio que, por una combinación de azar y rapidez médica, no se transformó en una tragedia fatal. Una joven de 18 años, Nahiara Aylín Rabbia, fue detenida y quedó imputada por haber intentado matar a su pareja, Mario Daniel Medina, de 25 años, tras un conflicto que escaló de lo verbal a lo criminal en cuestión de minutos.
Según la reconstrucción del hecho, la discusión se inició en el marco de la relación y luego se trasladó a la vía pública. Medina se retiró del lugar en bicicleta con la intención de cortar el enfrentamiento. No llegó a hacerlo. En la zona de 520 y 207, en Abasto, Rabbia lo embistió de manera intencional con un Ford Focus, utilizando el vehículo como arma. No fue un accidente ni una maniobra imprudente: fue una decisión.
El impacto fue brutal. La víctima debió ser trasladada de urgencia al hospital de Romero, donde los médicos constataron desplazamiento de caderas y severos traumatismos. No perdió la vida de milagro. Si bien no se registraron lesiones en órganos vitales, las heridas reflejan la violencia extrema del ataque.
La agresora fue detenida y trasladada a la comisaría séptima de Abasto, quedando a disposición de la Fiscalía 7 de turno de La Plata, a cargo de Virginia Bravo, imputada por homicidio en grado de tentativa. La investigación continúa, pero el dato central es innegable: una pelea de pareja terminó en un intento de asesinato.
Este hecho no es una excepción ni un desborde aislado. Es la consecuencia directa de una sociedad que naturalizó la violencia emocional, la obsesión y la incapacidad de aceptar un límite. Cuando una persona no tolera el rechazo, la frustración o la pérdida de control, el conflicto deja de ser una discusión y pasa a ser una amenaza. Y cuando todo vale, cualquier objeto incluso un auto se convierte en un arma.
Detrás de estos episodios hay un problema serio de salud mental que se ignora, se minimiza o se patea para adelante. Vínculos atravesados por la posesión, el control y la idea enfermiza de que el otro es una propiedad. No es amor, no es pasión, no es un arrebato: es violencia pura.
En este clima, cada vez más hombres y mujeres viven con miedo de estar en pareja. Miedo a la reacción del otro, al enojo que no se puede frenar, a la obsesión que no admite un no. Se forman menos vínculos porque el riesgo es real. Porque nadie sabe cuándo una discusión puede transformarse en una embestida.
La sociedad no está fallando por casualidad. Está fallando porque dejó de poner límites, porque abandonó la salud mental y porque sigue reaccionando cuando el daño ya está hecho. Cada intento de homicidio como este no es solo una causa judicial: es una señal de alarma que confirma que la violencia ya no es un hecho extremo, sino una amenaza cotidiana. Y mientras eso no se enfrente de verdad, el próximo caso no será una sorpresa, será una consecuencia.
