De vigilar al delito a guardar escobillones
Centros de prevencion y monitoreo convertidos en depósitos mientras La Plata vive con miedo
La ciudad se hunde en la inseguridad y los centros de prevención y monitoreo creados para proteger hoy juntan escobillones.
18 de Enero de 2026
Hace años, en distintas plazas de la ciudad de La Plata se instalaron los Centros de Operaciones y Monitoreo. No fueron un capricho decorativo ni una ocurrencia estética. Se pensaron como espacios de prevención, con presencia policial, cámaras y control en tiempo real para cuidar a los vecinos. Se pagaron con plata pública. Con la plata de todos. Hoy, esos mismos centros son otra cosa: depósitos.
Donde debía haber control y vigilancia, hay escobillones, palas, tachos y bolsas. Donde debía haber personal cuidando al vecino, hay herramientas de barrido. Algunos parecen jardines de infantes improvisados, con dibujos en las paredes, desdibujados, sucios, abandonados. No hay cámaras. No hay monitoreo. No hay seguridad. Hay abandono.
La inseguridad en La Plata no es una sensación. Es un hecho cotidiano. Los vecinos ya no caminan tranquilos ni por los barrios ni por el centro. Las entraderas, los robos, los arrebatos y los ataques se repiten todos los días. Abrir un diario o prender la televisión es encontrarse con una nueva víctima. El miedo se volvió rutina. Y frente a ese escenario, el municipio decide usar los centros de monitoreo como depósitos de limpieza.
Mientras los vecinos colocan carteles de “Alerta vecinos” y viven encerrados por miedo, el Estado municipal convierte espacios estratégicos de seguridad en cuartos de escobas. Eso no es desidia menor. Es una decisión política. Es resignarse a no cuidar. Es mirar para otro lado.
No se trata solo de inseguridad. Se suma la basura acumulada, las ratas, la falta de mantenimiento y el abandono general del espacio público. Todo junto. Todo al mismo tiempo. Y como si eso fuera poco, el intendente está de vacaciones. De vacaciones mientras la ciudad está tomada por el miedo. De vacaciones mientras los vecinos pagan impuestos y reciben abandono.
Cada uno de esos centros fue construido para proteger. Hoy no protege a nadie. Es plata tirada a la basura. Es una burla al contribuyente. Es la muestra más clara de lo que pasa cuando quienes gobiernan no tienen vocación de servicio. Cuando el cargo pesa menos que la comodidad personal. Cuando la seguridad del vecino no es prioridad.
Los ciudadanos están cansados. Disconformes. Hartos. No piden milagros. Piden que se use lo que ya existe para lo que fue creado. Piden que el Estado haga lo mínimo indispensable: cuidar a quien paga. Y cuando eso no ocurre, cuando el abandono es tan visible y tan obsceno, no alcanza con explicaciones. Hay que exponerlo. Porque la inseguridad no se combate con escobillones guardados en cabinas vacías ni con funcionarios de descanso mientras la ciudad arde.
