Trabajar para sobrevivir y pagar por servicios que no llegan
Derechos en el discurso, pobreza en el recibo de sueldo de los trabajadores municipales, el doble estándar
La foto habla por si sola. Un recibo de sueldo municipal que esta muy por debajo de la linea de pobreza y al lado calles tapadas de basura, veredas destruidas y la inseguridad en cada esquina, es la postal cotidiana en la ciudad de La Plata.
26 de Diciembre de 2025
La foto habla sola. Un recibo de sueldo municipal que no alcanza ni para nombrar la dignidad y, al lado, calles tapadas de basura, bolsas abiertas, veredas abandonadas, una ciudad que se cae a pedazos. No es una metáfora: es La Plata hoy. Es la postal cotidiana de una gestión que dice defender a los trabajadores mientras los empuja a la supervivencia.
Un salario de 350 mil pesos no es un sueldo. Es un límite. Es la frontera exacta entre trabajar todos los días y seguir siendo pobre. Es la prueba concreta de un doble discurso que ya no se puede disimular. Porque mientras el intendente se pronuncia públicamente en contra de la reforma laboral en nombre de los derechos, dentro del Estado municipal esos derechos no existen. O existen apenas, de manera formal, vaciados de contenido, reducidos a un papel que no paga el alquiler, no llena la heladera y no permite proyectar nada.
La contradicción es brutal. Con qué autoridad política y moral se puede hablar de defender al trabajador cuando se lo mantiene en condiciones salariales que lo condenan a la marginalidad. Cuando se le exige presencia, compromiso y horas, pero se le devuelve un ingreso que ni siquiera cubre la línea de pobreza. No es ideología. Son números. Y los números no militan, no discursean, no mienten.
Mientras tanto, la ciudad está sucia. Muy sucia. El barrido es intermitente o directamente inexistente, la recolección falla, los barrios acumulan mugre durante días. Y no se trata solo de estética: se trata de salud, de convivencia, de respeto. El vecino paga alumbrado, barrido y limpieza, pero la contraprestación no aparece. La pregunta se impone sola: cuando un servicio se cobra, pero no se brinda, ¿qué es lo que está pasando realmente?
La inversión municipal parece concentrarse siempre en el mismo lugar. El casco urbano, las plazas visibles, las obras que salen bien en la foto y mejor en campaña. Pero apenas uno se corre hacia la periferia, la ciudad desaparece. Calles destruidas, pozos que se vuelven intransitables con la lluvia, barrios que quedan aislados, vecinos que no pueden salir, ambulancias que no entran, colectivos que no pasan. La Plata no termina en la Plaza Moreno, pero la gestión parece creer que sí.
La inseguridad atraviesa toda la ciudad, sin distinción. Ya no hay horarios, ya no hay zonas. El miedo se volvió rutina. La gente se encierra, se cuida sola, se organiza como puede porque el Estado municipal mira para otro lado. Y cuando mira, muchas veces es para mostrarse, no para resolver. Para comunicar, no para transformar.
Todo esto ocurre mientras se exige puntualidad en el pago de tasas, mientras se ajusta al vecino con aumentos y recargos, mientras se sostiene un esquema donde el ciudadano cumple, pero el Estado no devuelve. No devuelve servicios, no devuelve limpieza, no devuelve seguridad, no devuelve salarios dignos a sus propios trabajadores.
La pregunta final no necesita respuesta cerrada. Queda flotando, incómoda, necesaria. Si el trabajador municipal no llega a fin de mes, si el vecino paga y no recibe, si la ciudad está abandonada y la política sigue en modo campaña, ¿qué tipo de contrato se está rompiendo? ¿Qué nombre tiene un sistema donde siempre se exige, pero casi nunca se cumple?
La Plata no necesita más discursos. Necesita coherencia. Necesita gestión. Necesita respeto. Y sobre todo, necesita que quienes gobiernan dejen de hablar en nombre de los derechos mientras los vulneran todos los días.
