La perrita viral que le dice No a la pirotecnia
Sammy no es una mascota: Sammy es navidad
Tiene 13 años, ama las pelotitas, desenvuelve regalos y se desespera cuando huele navidad. Sammy no es una mascota: es familia. Su historia que emociona en redes, tambien invita a refleccionar sobre una celebración mas empatica, sin pirotecnia y con respeto por quienes no pueden defenderse del ruido.
24 de Diciembre de 2025
Desde hace 13 años, cuando diciembre empieza a oler a despedidas de año, a mesas largas y a abrazos demorados, Sammy ya sabe. No necesita calendario ni reloj. Lo entiende en el ruido de las bolsas, en el ir y venir de su gente, en esos paquetes que llegan a casa cargados de promesas. Sammy entiende que Papá Noel está cerca y que los regalos también.
El video que se volvió viral no es una casualidad: es una escena de amor puro. Sammy, con la ansiedad noble de quien espera algo bueno, mete el hocico, escarba, busca. No rompe por capricho: desenvuelve, como lo hizo siempre. Porque en esa casa, desde el primer día, le enseñaron que la Navidad también es para ella. Que no es “la perra”, sino parte de la familia.
Cada Nochebuena, cuando el reloj se acerca a las doce, Sammy no pide permiso. Ella va directo a lo suyo. Pelotitas, muñecos, colores. Juguetes que duran quizás poco, pero que alcanzan para llenar la casa de risas, saltos, alegría. Y ahí está ella: la perrita viral, la perrita ansiosa, la perrita que no puede ni quiere esperar a Papá Noel.
Sammy llegó hace 13 años y desde entonces hizo lo que hacen los seres que aman sin condiciones: ordenó la casa alrededor del cariño. Estuvo en las buenas, en las no tan buenas, en los silencios y en los festejos. Sammy es testigo del tiempo. Y también es recordatorio: la felicidad, a veces, entra en una bolsa y se abre con las patas.
Pero no todo es postal.
Porque mientras algunos celebran con estruendo, hay otros muchos que sufren en silencio. Los animales no entienden de fuegos artificiales. Solo sienten miedo. Miedo real. Miedo paralizante. Corren, se esconden, tiemblan. Muchos se pierden. No vuelven. No saben regresar. Los abuelos, los chicos con autismo, las personas con hipersensibilidad, también lo padecen. Hay festejos que lastiman. Hay ruidos que no son alegría.
Y ahí aparece la pregunta incómoda, pero necesaria:
¿podemos celebrar sin hacerle daño al otro?
Sammy no puede decirlo con palabras. Pero su historia, su ternura, su espera, su alegría simple, lo grita sin ruido. La verdadera fiesta es la que incluye, no la que excluye. La que abraza, no la que asusta. La que cuida al que no puede defenderse.
Esta Navidad, mientras Sammy confirma que los regalos llegaron y que el amor sigue intacto, el mensaje es claro: decirle no a la pirotecnia también es un acto de amor. Festejar sin hacer daño al otro no es perder tradición. Es ganar humanidad.
