Entre capibaras imaginarios y ratas reales :La postal de la ciudad de La Plata
Basura,ratas e inseguridad: cuando el ciudadano paga y la gestion desaparece
Basura acumulada, ratas que parecen capibaras, invasión de cucarachas y la inseguridad al limite, exponen la falta de limpieza, control sanitario y gestión en la ciudad de La Plata, mientras los vecinos pagan impuestos por servicios que no llegan.
28 de Diciembre de 2025
Caminar hoy por la ciudad de La Plata se parece cada vez menos a transitar la capital de la provincia y cada vez más a una postal grotesca del abandono. Las veredas desbordadas de basura, los tachos colapsados, las bolsas abiertas y el olor persistente construyen un escenario ideal para que la fauna urbana haga su aparición estelar. Ratas. Muchas. Enormes. Tanto que, por momentos, algún desprevenido podría creer que está paseando por Tigre y no por el casco urbano: los chicos las miran con asombro, los adultos con resignación, y más de uno llega a confundirlas con capibaras. Pero no. No hay humedales ni reservas naturales acá. Hay desidia.
Las ratas ya no se esconden. Cruzan las calles a plena luz del día, trepan árboles en las plazas, arman nidos en las copas y en los entretechos de las casas, se instalan como vecinas permanentes. Las cucarachas, grandes y resistentes, completan el cuadro. No es una exageración ni una escena aislada: es rutina. Es frecuente caminar y encontrarse con una rata muerta en la vereda, señal de que son los propios vecinos quienes salen a tirar veneno, empujados por la ausencia total de control sanitario. El Estado municipal, mientras tanto, brilla por su ausencia.
La basura acumulada no es solo una postal de abandono estético. Es una bomba sanitaria. Las ratas transmiten enfermedades, las cucarachas también, y la falta de limpieza sostenida convierte a la ciudad en un terreno fértil para la propagación de riesgos que nadie parece estar midiendo. No hay campañas visibles, no hay operativos constantes, no hay prevención. Hay improvisación y silencio.
A ese paisaje se suma otro detalle que aparece pegado, como una ironía involuntaria, en los propios tachos de basura: carteles que dicen “vecinos en alerta”, “hartos de la inseguridad”. La basura desborda, las ratas invaden y la inseguridad avanza. Todo junto. Todo al mismo tiempo. Como si el desorden urbano fuera el reflejo exacto de una gestión que no logra, o no intenta, poner orden en nada.
La ciudad está sucia, descuidada, abandonada. No por falta de recursos de los vecinos, que pagan tasas e impuestos cada vez más altos, sino por una administración que no devuelve en servicios lo que exige en boletas. Se intimida a pagar, pero no se garantiza limpieza. Se cobra, pero no se cuida la salud pública. Se exige cumplimiento, pero no se cumple desde el poder.
La Plata ya no es solo la capital de la provincia. Empieza a ganarse, tristemente, otro título: la capital de las ratas. Y no por una invasión natural, sino por una invasión provocada por la mala administración, la falta de planificación y la ausencia de control. Cuando el ciudadano cumple y el Estado no, el resultado es este: una ciudad tomada por la basura, la inseguridad y los roedores. Y una pregunta que queda flotando, incómoda pero inevitable: ¿para qué se pagan impuestos si nadie se hace cargo de gobernar la ciudad?
