Entre ratas y festejos oficiales
La ciudad real que el intendente no muestra
Julio Alak sonríe en celebraciones protocolares y proyecta futuro político, mientras vecinos denuncian basura acumulada, ratas en los entretechos e inseguridad desbordada. La distancia entre la foto y la calle ya es inocultable.
24 de Febrero de 2026
Hay dos ciudades. La que muestra Julio Alak en redes y actos oficiales, y la que describen los vecinos cuando llaman a esta redacción. En la primera, todo es celebración, integración cultural, sonrisas y proyección política. En la segunda, la real, hay basura acumulada, inseguridad creciente y ratas que ya no se esconden.
Julio Alak aparece feliz en los festejos del Año Nuevo chino, como si gobernara una ciudad ordenada, limpia, contenida. Como si La Plata fuera una postal turística. Pero mientras se multiplican las fotos oficiales, también se multiplican los mensajes que llegan a Diario Identidad: vecinos que denuncian ratas en los entretechos de sus casas, roedores que ingresan desde la vía pública y hacen nido arriba de sus dormitorios.
No es un caso aislado. Son muchos. Demasiados. Las ratas no nacen en el techo: llegan desde la calle. Llegan desde la basura que no se retira en tiempo y forma. Llegan desde espacios públicos descuidados. Y cuando el problema cruza el límite de la vereda e invade la propiedad privada, el municipio se borra.
Entonces el vecino paga dos veces. Paga tasas municipales que deberían garantizar higiene urbana y control de plagas. Y después paga de su bolsillo al desratizador para proteger su casa, su familia y su salud. Porque cuando los roedores se meten en el entretecho, ya no es una estadística: es una amenaza directa.
La pregunta es incómoda, pero necesaria. ¿Qué hace Julio Alak frente a esto? ¿Puede un intendente hablar de futuro provincial cuando no logra resolver lo básico en su propia ciudad? Porque no se trata de cuestionar una fiesta ni una comunidad. Se trata de prioridades. De gestión. De resultados.
A la mugre se le suma la inseguridad, que vecinos describen como desbordada. Robos cotidianos, comercios golpeados, barrios donde el miedo dejó de ser excepción y pasó a ser regla. Y mientras tanto, la agenda oficial muestra corsos, celebraciones y sonrisas. Como si La Plata viviera en una dimensión paralela.
Julio Alak no gobierna una ciudad imaginaria. Gobierna La Plata. Y La Plata hoy no es Narnia. Es una ciudad donde los ciudadanos pagan impuestos y, aun así, deben pagar aparte para desratizar sus casas. Una ciudad donde las plazas no siempre son espacios de encuentro, sino focos de abandono. Una ciudad donde la distancia entre la foto oficial y la realidad barrial se volvió demasiado grande.
Cuando la política se enamora de su propia escenografía, pierde contacto con la vereda. Y en la vereda, hoy, lo que sobra no son festejos. Son reclamos.
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