Quilmes: El profe solidario da pelea contra el hambre
Cuándo el estado se borra, un profe de Quilmes sale a dar pelea contra el hambre
Mientras la política mira para otro lado, un entrenador decidió poner el cuerpo y transformar su conocimiento en ayuda concreta para los que pasan hambre en la calle.
16 de Febrero de 2026
En Quilmes la pobreza no es una estadística: es una mujer con un nene bajo el puente, es un hombre con muletas y una pierna menos pidiendo unas monedas, es la mirada baja de quien no sabe si va a cenar esa noche. Esa escena, repetida durante años, fue la que dejó de ser paisaje para Luis Dominici. Y cuando dejó de mirar para otro lado, decidió actuar.
Luis Dominici, coach integral, entrenador personal y máster en kung fu, lleva cuatro décadas formando personas. Parte de su vida la desarrolló en Berazategui y las últimas tres décadas en Quilmes, donde construyó su camino profesional con disciplina, estudio y compromiso. Pero esta vez no se trataba de perfeccionar una técnica ni de optimizar una rutina de entrenamiento. Se trataba de algo más básico: el hambre.
Cansado de ver cada día más tristeza en las calles, entendió que no podía seguir indignándose en silencio. Que si quienes tienen la responsabilidad institucional de garantizar condiciones mínimas de dignidad no lo hacen, alguien tiene que empezar. Desde donde pueda. Con lo que tenga.
Así nació el primer evento del “Profe Solidario”. El jueves pasado convocó a una clase integral abierta: entrenamiento, alimentación consciente, orientación sobre proteínas y hábitos saludables, condensando en una jornada toda la experiencia acumulada en 40 años de docencia. La entrada no fue dinero. Fue un alimento no perecedero.
Su conocimiento que tiene valor, y mucho se transformó en mercadería para quienes no tienen nada. Lo que para otros sería una masterclass_no paga, él lo convirtió en puente solidario. Cada paquete de arroz, cada lata, cada fideo recolectado tuvo un destino concreto: esas personas que él mismo cruza todos los días camino a su trabajo.
Después del evento no hubo fotos para redes ni discursos grandilocuentes. Hubo reparto. Hubo contacto directo con la necesidad. Hubo madres que no sabían qué iban a cocinar esa noche y hombres que sobreviven como pueden en la intemperie. Y hubo algo más: decisión. Porque esto no fue un gesto aislado. Es el inicio de un camino que promete continuidad.
Luis no está solo. Lo acompaña su hijo Luciano. Orgulloso de su padre, comprometido con la misma causa, caminan juntos esta cruzada. Padre e hijo, unidos no solo por la sangre sino por la convicción de que no se puede naturalizar el hambre. Son equipo en el deporte y ahora también en la solidaridad.
Mientras tanto, la pregunta es incómoda pero inevitable: ¿dónde están los que gobiernan? ¿Dónde están los recursos, los programas, la presencia real en el territorio? Quilmes duele cada vez más y la pobreza no apareció ayer. Hace años que crece a la vista de todos. La diferencia es que la mayoría prefiere no mirar.
El Profe Solidario eligió mirar de frente. Y actuar. Sin presupuesto público, sin estructura, sin cargos. Solo con su profesión y su voluntad. Su mensaje final es claro y directo: todos podemos hacer algo. Desde nuestro lugar, con lo que sabemos, con lo que tenemos. La indiferencia también es una elección.
En una ciudad golpeada, donde muchos se resignan, un profesor de kung fu decidió poner el cuerpo. Y cuando el ejemplo viene desde abajo, deja en evidencia a los que deberían estar arriba.
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