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Gran Hermano

Acusaciones, Justicia y alienación parental: el pasado que vuelve a tocar la puerta

Amalia Granata apuntó sin filtros contra Andrea del Boca y reavivó uno de los capítulos más oscuros de su historia: denuncias desestimadas por la Justicia, presunta alienación parental y una carrera que, según sus críticos, se derrumbó mucho antes de entrar al reality.

25 de Febrero de 2026

En la televisión argentina hay caídas que hacen ruido. Y después están las que hacen eco. La irrupción de Andrea del Boca en la casa de Gran Hermano no es sólo una jugada mediática: es, para muchos, la confirmación de un derrumbe que empezó hace años. Y esta vez quien encendió la mecha fue Amalia Granata, diputada provincial y ex pareja de Ricardo Biasotti, el padre de la hija de la actriz, que no se guardó nada y fue directo al hueso.

Granata no habló de ratings ni de estrategia televisiva. Habló de dolor. Habló de lo que según sostiene fue una campaña feroz contra Biasotti, acusado públicamente de abuso por su propia hija, una denuncia que la Justicia terminó desestimando. Las pericias oficiales determinaron que no existían pruebas de abuso y que el relato de la joven respondía a vivencias inducidas. Es decir, no hubo delito. Hubo, según los informes judiciales, un relato construido bajo la influencia materna. Y ahí aparece un concepto que incomoda, pero que existe: alienación parental.

No se trata de ningún síndrome clínico polémico, sino de una práctica concreta y dañina: cuando uno de los progenitores interfiere, manipula o condiciona el vínculo del hijo con el otro padre, generando rechazo, miedo o falsas creencias. La alienación parental no es una bandera ideológica, es una problemática que atraviesa tribunales de familia en todo el país. Y cuando se llega al extremo de implantar recuerdos inexistentes como concluyó la Justicia en este caso el daño no es mediático: es humano.

Granata fue tajante. Dijo que Andrea “se perjudicó sola”, que “hizo mucho daño” y que el sufrimiento de Biasotti fue real mientras en los estudios de televisión lo señalaban como abusador. Habló de años de silencio, de escarnio público y de una hija que hoy no puede vincularse libremente con su padre. También recordó la polémica por los fondos públicos destinados a una producción audiovisual que nunca vio la luz, un expediente que manchó la carrera de quien supo ser estrella indiscutida de la pantalla chica.

Y en ese contexto, la entrada a Gran Hermano no sería un regreso triunfal, sino según la diputada una postal triste: de figura internacional a participante de reality. “Fondo de olla”, disparó sin anestesia. Para Granata, no es una etapa más, sino la consecuencia de decisiones personales que erosionaron una carrera que parecía indestructible.

El dato político tampoco es menor. Granata hoy ocupa una banca en la Legislatura santafesina y asegura que no entraría nuevamente a un reality: “Son etapas”, dijo. En cambio, cuestionó que Del Boca haya aceptado el ingreso y deslizó que detrás hay un “combo” mediático que incluiría exposición para su hija.

El debate que se abre no es televisivo. Es moral. ¿Qué pasa cuando una figura pública instala una acusación gravísima que luego la Justicia desmiente? ¿Quién repara el daño? ¿Cómo se reconstruye la identidad de una hija atravesada por un conflicto que la excede? Y sobre todo: ¿qué responsabilidad tienen los adultos cuando convierten una guerra personal en un espectáculo nacional?

 

Gran Hermano puede dar rating. Pero la alienación parental deja cicatrices que no se editan en prime time.

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