De Caracas a la justicia de Nueva York
Maduro frente al juez "no soy culpable, soy presidente... y preso de Estados Unidos"
Por primera vez, el hombre que gobernó Venezuela durante más de una década enfrento la corte estadounidense y desafió las acusaciones más graves de su vida.
5 de Enero de 2026
Nicolás Maduro hizo algo que nadie imaginaba apenas días atrás: apareció en un tribunal federal de Nueva York, esposado y con un uniforme de prisión, para responder por cargos que podrían llevarlo a pasar décadas tras las rejas. Tras ser sometido a una operación que lo sacó de Caracas y lo llevó directamente a territorio estadounidense, el exmandatario venezolano se plantó ante el juez, miró al estrado y, con la voz firme aunque asistida por un intérprete, soltó palabras que resonaron como un desafío político y personal: “No soy culpable de nada de lo que se me acusa, soy un hombre decente y sigo siendo el presidente de mi país”.
Detrás de esa declaración hay un guiño cargado de simbolismo: no solo negó las acusaciones de narcotráfico, conspiración para importar cocaína y posesión de armas, entre otros cargos graves, sino que también se presentó como jefe de Estado secuestrado por fuerzas que, según él, buscan despojarlo de su legitimidad.
El panorama fue tan surrealista como potente: escoltado por agentes federales, ingresó a la sala con una mezcla de calma y desafío, saludando incluso a los presentes antes de comenzar el proceso formal. Su esposa, Cilia Flores, también estuvo a su lado y repitió el mismo guion de inocencia que él. Ambos se negaron a aceptar culpa alguna, sabiendo que esta declaración es solo el inicio de una batalla legal que promete estirarse por años y que podría redefinir su destino y el de la política venezolana.
Los cargos, formulados por la justicia estadounidense, son de tal magnitud que de probarse podrían significar penas de hasta cadena perpetua. Sin embargo, más allá del peso jurídico, la comparecencia de Maduro se convirtió en un choque de narrativas: un hombre que fue presidente de una nación rica en petróleo enfrentado a una justicia extranjera que lo sitúa al centro de una supuesta red de narcotráfico internacional.
Cuando el juez le preguntó si quería que le leyeran los cargos, Maduro respondió que prefería leerlos él mismo, un gesto que algunos interpretan como una forma de subrayar su versión de inocencia y control sobre la situación.
La próxima fecha en el calendario judicial está fijada para marzo, pero lo que ya quedó grabado es una escena poderosa: un expresidente que salió de su país esposado, desafiante, proclamando inocencia y reclamando aún su título presidencial frente a la justicia de una superpotencia.
