Convenios y fotos mientras Quilmes se cae a pedazos
Arteaga, Mieri y el ritual político de firmar mientras la ciudad se hunde
Mientras José Ramón Arteaga firma acuerdos, Eva Mieri administra el municipio y Mayra Mendoza sigue marcando el rumbo político, Quilmes continúa esperando algo mucho más simple que una bajada de autopista. Espera gestión real. Y la sensación que crece entre muchos vecinos es que la dirigencia sigue ocupada en lo único que parece dominar a la perfección: firmar papeles, posar para la foto y gastar dinero público mientras la ciudad se hunde en sus propios problemas.
5 de Marzo de 2026
Quilmes volvió a mostrar una escena que ya se convirtió en rutina política: funcionarios firmando un convenio y sonriendo para la foto mientras la ciudad sigue arrastrando problemas mucho más urgentes. Esta vez fue para anunciar una nueva bajada en la autopista Buenos Aires-La Plata a la altura de Ezpeleta, un proyecto que quedó formalizado con la firma del presidente de Autopistas de Buenos Aires, José Ramón Arteaga, y de la intendenta interina Eva Mieri, quien conduce el municipio durante la licencia de Mayra Mendoza.
El acuerdo fue incorporado al plan bianual 2025-2027 y presentado como una mejora para la conectividad del distrito. Pero, como viene ocurriendo con varios anuncios recientes, el entusiasmo institucional choca rápidamente con una omisión difícil de justificar: nadie explicó cuánto costará la obra ni de qué manera se controlará el uso de los recursos públicos.
La falta de precisiones vuelve a alimentar un clima de desconfianza que crece entre los vecinos cada vez que la gestión municipal anuncia nuevos proyectos mientras evita hablar de cifras. En una ciudad donde las tasas municipales no dejan de subir y donde los contribuyentes sienten cada vez más presión fiscal, el silencio sobre los montos de inversión no parece un detalle menor.
El problema es que el contraste entre los anuncios y la realidad cotidiana es cada vez más evidente. Quilmes convive con barrios donde la basura se acumula durante días, calles destruidas por baches que nadie repara y una inseguridad que se transformó en parte de la vida diaria. Los reclamos vecinales se repiten en cada barrio y en cada esquina: más presencia del Estado, más limpieza urbana y respuestas concretas frente al delito.
Frente a ese escenario, la política local parece moverse en un registro completamente distinto. Convenios, actos, anuncios y fotografías oficiales se suceden uno detrás de otro mientras los problemas estructurales del distrito siguen sin resolverse. La sensación que se instala es la de una dirigencia más preocupada por mostrar gestión que por enfrentar los conflictos reales que atraviesa la ciudad.
La escena de la firma entre José Ramón Arteaga y Eva Mieri, con la gestión de Mayra Mendoza como telón de fondo, se inscribe precisamente en esa lógica. Un nuevo proyecto que se anuncia como progreso pero que llega acompañado por las mismas preguntas que ya rodearon otros convenios recientes.
La discusión se vuelve todavía más incómoda cuando aparece el tema de los impuestos. La reacción de Mayra Mendoza frente a la aplicación nacional que permite denunciar cobros excesivos de tasas municipales reavivó un debate que ya estaba latente entre comerciantes y vecinos: cuánto se paga y qué se recibe a cambio.
Porque en Quilmes cada nuevo anuncio oficial convive con una percepción cada vez más extendida entre los propios habitantes del distrito. La ciudad parece avanzar en los papeles, en los actos y en las conferencias, pero no en las calles.
Mientras tanto, la inseguridad sigue creciendo, la basura continúa acumulándose y la infraestructura urbana se deteriora sin respuestas claras. Frente a esa realidad, la nueva bajada a la autopista puede terminar siendo una obra necesaria, pero difícilmente alcance para tapar una sensación cada vez más profunda: la política local sigue discutiendo proyectos mientras los vecinos reclaman algo mucho más básico.
Gobernar una ciudad no es firmar convenios ni multiplicar anuncios. Es hacerse cargo de los problemas que la gente enfrenta todos los días. Y en Quilmes, hoy, esa distancia entre la política y la realidad parece cada vez más grande.
