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Lomas de zamora sin freno

Atan, destrozan todo y hacen llorar a una anciana con Alzheimer

En Lomas de Zamora, delincuentes irrumpieron en la casa de la madre del periodista Sergio Lapegue, una mujer de 90 años con Alzheimer avanzado, maniataron a las cuidadoras y destrozaron todo. El llanto de la anciana expone el nivel de crueldad y la impunidad que dominan las calles.

15 de Febrero de 2026

En Lomas de Zamora la inseguridad volvió a mostrar su cara más miserable. Esta vez no fue una estadística más. Fue la casa de la madre de Sergio Lapegüe, una mujer de 90 años, con Alzheimer avanzado, postrada en silla de ruedas, absolutamente indefensa.

Atan, destrozan todo y hacen llorar a una anciana con Alzheimer

Los delincuentes entraron como entran siempre: con violencia, con impunidad, con la certeza de que nada les va a pasar. Maniataron a las cuidadoras, las redujeron, las dejaron en estado de shock. Y mientras tanto, la escena era de terror. Gritos. Amenazas. Cosas que se rompían. Cajones arrancados. Muebles dados vuelta. Destrucción total. No buscaban solo dinero: arrasaron con todo.

En el video se escucha lo que ningún hijo debería escuchar jamás: el llanto desesperado de una madre anciana. Aunque el Alzheimer le borre recuerdos, no le borró el miedo. Sintió la invasión, la agresión, el odio. Sintió que su casa ya no era su refugio. Sintió el terror.

Lapegüe habló quebrado. Bronca, impotencia, lágrimas. No es solo el robo. Es el ultraje. Es la violencia ejercida contra una mujer que no puede defenderse ni comprender del todo lo que sucede. Es la humillación de atar a trabajadoras que estaban allí para cuidar. Es la cobardía elevada a su máxima expresión.

Lo que pasó en Lomas de Zamora no es un caso aislado. Es un patrón que se repite en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires. Casas marcadas, adultos mayores convertidos en blanco fácil, delincuentes que actúan con una tranquilidad que asusta. La sensación es siempre la misma: el ciudadano está solo.

¿Cuántas veces más vamos a naturalizar que entren a la casa de una abuela de 90 años y la sometan al infierno? ¿Cuántas lágrimas más hacen falta para que la inseguridad deje de ser un discurso y se convierta en una prioridad real?

Porque cuando el delito llega a la habitación de una mujer enferma, atada a una silla de ruedas, ya no hay eufemismos posibles. Es fracaso. Es abandono. Es una sociedad que no logra proteger a los más vulnerables.

Hoy fue la madre de un periodista conocido. Ayer fue una jubilada anónima. Mañana puede ser cualquiera.

La inseguridad no distingue nombres. Solo busca víctimas.

 

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