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Jueves 15 de Enero de 2026

Las cuentas al rojo vivo

La bomba financiera Bonaerense que amenaza el proyecto presidencial de Axel Kicillof

Deuda, pagos frenados y prioridades cuestionadas, la crisis Bonaerense expone los limites de la gestion y condiciona el sueño presidencial de Axel Kicillof

4 de Enero de 2026

La Provincia de Buenos Aires inicia 2026 sumida en una fragilidad financiera que ya no puede disimularse. Deudas acumuladas, pagos demorados, obras frenadas y un esquema presupuestario de emergencia configuran un cuadro que desborda lo administrativo y se vuelve político: el desgaste de la gestión empieza a proyectarse directamente sobre las aspiraciones presidenciales de Axel Kicillof.

El Presupuesto aprobado a fines de 2025 declaró la emergencia económica y habilitó un endeudamiento que puede trepar hasta los 3.685 millones de dólares. Lejos de traer alivio inmediato, la medida expone la profundidad del desequilibrio. La Provincia gana aire financiero a corto plazo, pero mantiene asfixiada la cadena de pagos. Proveedores, pymes y contratistas denuncian atrasos persistentes, incluso en áreas críticas como salud y obra pública, donde el impacto ya es tangible.

El esquema de refinanciación de deuda en pesos, combinado con autorizaciones para nuevo endeudamiento externo, no logra recomponer la liquidez diaria. Los fondos creados para recuperar deudas judicializadas y los anuncios de asistencia a municipios por cifras millonarias contrastan con una realidad donde los recursos no llegan en tiempo y forma. El resultado es un círculo vicioso: la administración estira plazos, pero erosiona confianza y paraliza servicios esenciales.

El conflicto con el Gobierno nacional profundiza el escenario. Desde La Plata sostienen que la Nación mantiene retenidas transferencias por más de 12 billones de pesos, incluyendo partidas de coparticipación, educación, seguridad y asistencia del Tesoro. A esto se suma la negativa del Ejecutivo nacional a habilitar nuevo endeudamiento, un choque que amenaza con judicializarse durante 2026 y que deja a la Provincia atrapada entre la disputa política y la falta de financiamiento.

Mientras tanto, el impacto territorial se vuelve inocultable. En hospitales y salas sanitarias comienzan a faltar insumos y medicamentos, con proveedores que suspenden entregas por deudas acumuladas. La obra pública permanece prácticamente detenida y el sector de la construcción ya perdió decenas de miles de puestos de trabajo. Los comedores comunitarios siguen funcionando al límite, sostenidos por proveedores que advierten que la continuidad está en riesgo si no se normalizan los pagos.

Pero no todo puede explicarse por factores externos. La gestión provincial exhibe desequilibrios propios. El Presupuesto 2026 asigna una porción reducida a la obra pública y no contempla nuevas viviendas, mientras se multiplican programas, áreas y estructuras con fuerte contenido político. En salud, la inauguración de centros de atención primaria convive con recortes en infraestructura hospitalaria. En producción y alimentación, los anuncios chocan con una ejecución que ajusta más de lo que invierte.

El caso de la nueva ley audiovisual bonaerense sintetiza esa tensión. La creación de un fondo de fomento millonario y de un organismo con amplias facultades para reasignar partidas reabre el debate sobre prioridades, en un contexto de emergencia financiera, atrasos de pagos y ajustes en áreas sensibles. Para muchos actores del propio oficialismo, la señal política es ambigua: se crean nuevas cajas mientras lo básico cruje.

Este panorama condiciona la proyección nacional del gobernador. Kicillof avanza en su armado político, teje alianzas sindicales y busca consolidar un espacio propio con ambición presidencial. Sin embargo, la crisis bonaerense se convierte en su principal escollo. Gobernar la provincia más grande del país con cuentas en rojo, servicios tensionados y conflictos abiertos con la Nación debilita el argumento de solvencia que exige el peronismo de cara a 2027.

Si no logra ordenar las finanzas, normalizar pagos y mostrar capacidad de gestión más allá de la confrontación política, la Provincia puede transformarse en el límite de su propio proyecto. En política, la ambición necesita respaldo en resultados. Y hoy, Buenos Aires es más una carga que una plataforma.

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