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Domingo 5 de Abril de 2026

“El relato único en crisis”

Contra el silencio: la periodista que decidió escuchar a los denunciados

Mimi Dominici vuelve con sus vivos para poner el foco en un tema silenciado: las falsas denuncias, sus consecuencias y las víctimas que nadie quiso escuchar.El ciclo que incomoda regresa, testimonios en primera persona, denuncias sin pruebas y un sistema que, según advierten, deja nuevas víctimas.

1° de Abril de 2026

Esta noche, a las 20:30 hs con un invitado de lujo, el Licenciado Pablo Martínez Soares De Lima vuelve el ciclo de vivos de Instagram @mimidominici para encenderse una transmisión incómoda. De esas que no buscan agradar sino incomodar. De esas que, en tiempos de discursos únicos, se animan a abrir el micrófono donde otros lo apagan. La periodista de investigación Mimi Dominici inaugura un nuevo ciclo de vivos de Instagram sobre falsas denuncias, un territorio espinoso que durante años fue evitado, negado o directamente silenciado. No es casual. Durante mucho tiempo demasiado nadie quiso mirar ahí.

Cuando el tema era tabú y el costo de siquiera mencionarlo podía traducirse en cancelaciones, amenazas o escraches, Dominici decidió avanzar igual. Poner el cuerpo. Exponerse. Escuchar a quienes, hasta entonces, eran mala palabra: los denunciados.

No lo hizo desde la negación de la violencia real. Al contrario. “Que existan abusos, que existan denuncias legítimas, es indiscutible”, aclara. Pero su punto es otro, y es ahí donde la discusión se vuelve filosa: también existen denuncias falsas. Y esas denuncias, sostiene están dejando víctimas en el camino.

Su hipótesis es incómoda para muchos sectores: que la llamada perspectiva de género, diseñada para proteger a las mujeres, en determinados contextos puede convertirse en una herramienta de desequilibrio, donde el principio de inocencia queda, en los hechos, debilitado. Donde el solo relato adquiere un peso determinante. Donde la denuncia, antes de ser probada, ya condena socialmente.

En ese terreno movedizo, Dominici eligió pararse.

Hace más de tres años, cuando inició sus ciclos de entrevistas en vivo, el panorama era otro: una sola campana sonaba fuerte. La de la denunciante. Del otro lado, silencio. Nadie acercaba un micrófono al denunciado. Nadie quería hacerlo. Ella sí.

Y lo que encontró fue un patrón que se repite: procesos judiciales largos, sobreseimientos por falta de pruebas que llegan tarde, años perdidos sin ver a los hijos, familias paternas enteras borradas de un día para el otro. Padres, abuelos, tíos convertidos en ausentes forzados.

“Lo más cruel no es solo la denuncia ha dicho en entrevistas. Es el después. Es cuando todo se cae y aun así nada vuelve a su lugar”.

Ahí aparece otro punto crítico: la revinculación que no llega. Porque incluso cuando la Justicia no encuentra elementos para sostener una acusación, el daño ya está hecho. Y, muchas veces, es irreversible.

El relato que recoge Dominici no es abstracto. Es en primera persona. Hombres que cuentan cómo perdieron trabajos tras ser escrachados, cómo fueron señalados socialmente, cómo debieron demostrar su inocencia en un sistema que según denuncian invierte la carga de la prueba. Familias que describen años de distancia con niños que, de un día para otro, desaparecieron de sus vidas.

También aparecen los conflictos de pareja atravesados por disputas económicas, venganzas personales o separaciones hostiles donde, según estas voces, la denuncia se convierte en una herramienta de presión.

Dominici lo resume sin rodeos: “Cuando escucho llorar a un padre porque no puede ver a su hijo, entiendo que tengo que seguir”.

No fue un camino sin costos. Hubo amenazas. Cancelaciones. Presiones. Señalamientos desde distintos sectores. Pero no retrocedió. Por el contrario, consolidó un espacio que hoy funciona como canal de descarga y visibilización para quienes aseguran haber sido falsamente denunciados.

Su postura es clara: no se trata de negar derechos conquistados ni de desproteger a las víctimas reales, sino de ampliar el foco. De aceptar que el sistema puede fallar. Y que cuando falla, también genera víctimas.

En ese contexto, el ciclo que retoma esta noche suma una voz clave: la del licenciado Pablo Soares Lima, perito psicólogo e investigador forense, autor de obras que abordan el fenómeno de las falsas denuncias y, especialmente, su impacto en ámbitos sensibles como el educativo.

Su presencia no es menor. En los últimos años, el foco también se ha posado sobre docentes acusados que según diversos casos enfrentan procesos devastadores sin herramientas claras para defenderse en el plano público.

La propuesta del vivo es directa: hablar sin filtros. Analizar el peso del testimonio, los márgenes de error, los efectos sociales de una denuncia y las zonas grises de un sistema que, para algunos, protege; para otros, condena sin pruebas suficientes.

Habrá, además, un chat abierto. Preguntas en tiempo real. Intercambio directo. Sin intermediarios.

Pero más allá del formato, lo que vuelve a escena es algo más profundo: la disputa por el relato.

Durante años, una sola versión ocupó el centro. Hoy, con resistencia y controversia, otra empieza a emerger. No para reemplazarla, sino para tensarla. Para complejizarla. Para obligar a mirar donde antes no se miraba.

Dominici lo hizo cuando nadie quería hacerlo.

Y esa, quizás, sea la verdadera noticia.

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