Poder, abuso y silencios comprados
El lado más turbio del poder gremial en el Senado
El caso Facio destapa el costado más oscuro del sindicalismo y el abuso de poder en la Legislatura bonaerense, abusos y aprietes usados como moneda de cambio.
6 de Febrero de 2026
Nuevo escándalo sacude al Senado bonaerense y vuelve a exponer un entramado de poder, silencio y temor que atraviesa los pasillos de la Legislatura provincial. En medio de la investigación judicial por la presunta existencia de una secta integrada por empleados de la Cámara alta cuyos principales referentes ya se encuentran procesados y detenidos por graves hechos de abuso y manipulación, ahora estalla un nuevo caso que suma tensión y deja al descubierto prácticas que muchos prefieren no nombrar. Una trabajadora administrativa denunció por abuso sexual a Marcos Facio, jefe de mantenimiento del edificio y subsecretario legislativo de UPCN, un dirigente gremial con fuerte influencia interna que ya fue imputado y enfrenta una restricción perimetral. Según el relato de la víctima y fuentes judiciales del expediente, el ataque habría ocurrido en su propio lugar de trabajo, un espacio que debería ser seguro y que hoy aparece atravesado por el miedo. La mujer pidió medidas urgentes de protección porque, pese a la denuncia, Facio continúa concurriendo con normalidad a la Legislatura, lo que profundiza su sensación de vulnerabilidad. Quienes lo conocen describen al acusado como un hombre de gran porte, de presencia intimidante, que impone respeto y, para muchos, también temor. Lejos de tratarse de un hecho aislado, la presentación abrió una grieta: otras trabajadoras ya habrían tomado coraje para avanzar con denuncias por atropellos similares, cansadas de años de maltrato y abuso de poder. En paralelo, se acumulan quejas de empleados tanto del Senado como de la Cámara de Diputados contra el funcionamiento de UPCN en la provincia: la cuota sindical se descuenta todos los meses, pero las recategorizaciones y beneficios parecen reservados solo para quienes se pliegan a las movilizaciones, suben a los micros y “tocan el bombo”. Los que no participan de la militancia gremial quedan relegados, aunque paguen igual la cuota sindical. Delegados y referentes sindicales, son señalados por ejercer una presión constante que desalienta cualquier disenso, y por eso durante años casi nadie se animó a hablar. Hoy ese silencio empieza a resquebrajarse. Entre la causa por la presunta secta que operaba desde las entrañas del Senado y esta nueva denuncia contra un alto dirigente de UPCN, la pregunta se vuelve inevitable: ¿qué tipo de poder se les ha permitido construir a los sindicatos dentro del Estado? ¿Hasta cuándo se tolerará que las categorías, los puestos y las protecciones se utilicen como herramientas de control y sometimiento? Ayer fueron decenas de mujeres abusadas en un entramado de manipulación; hoy es una trabajadora que se animó a denunciar y otras que comienzan a seguir su camino. El patrón es el mismo: poder concentrado, impunidad y víctimas que recién ahora encuentran la voz para decir basta.
