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Miércoles 13 de Mayo de 2026

Las mujeres también son víctimas de falsas denuncias

Falsas denuncias: la historia de la madre que perdió a sus hijos y quedó condenada al silencio

La última vez que vio a su bebé tenía apenas un año. Dos años después, Sheila asegura que la Justicia la separó de sus hijos por una acusación falsa que le destruyó la vida.

10 de Mayo de 2026

Durante una nueva emisión del ciclo de entrevistas sobre falsas denuncias que realiza cada miércoles la periodista de investigación especializada en la temática, Mimi Dominici, salió a la luz una historia que expone una realidad de la que pocas veces se habla públicamente. La protagonista fue Sheila Szpira, una mujer y abogada que decidió romper el silencio y contar el drama judicial y emocional que, según denuncia, la mantiene separada de sus hijos desde hace dos años.

La entrevista dejó momentos de profundo impacto humano. Hace dos años que Sheila no puede convivir con sus hijos y asegura que una de las heridas más difíciles de explicar es que ya no reconoce la voz de su hijo menor, quien tenía apenas un año cuando ocurrió la separación. Hoy el niño está próximo a cumplir cuatro años.

Según relató durante el vivo, todo comenzó de manera abrupta y, para ella, claramente planificada. Contó que su entonces pareja le había insistido para que asistiera a una consulta psiquiátrica. Mientras ella se encontraba en ese turno médico, él habría aprovechado para retirar a los niños del hogar, vaciar una caja de seguridad familiar y abandonar la vivienda junto a los menores.

Cuando regresó a su casa, relató que encontró todo completamente oscuro y vacío. Explicó que llamó inmediatamente a su expareja y que él le respondió que estaba en la casa de su madre junto a los chicos. Según el testimonio de Sheila, al preguntarle cuándo regresarían, la respuesta fue: “Cuando vos estés sana y haya intervención de profesionales”.

Al día siguiente comenzó a recorrer la vivienda y descubrió que faltaban pertenencias personales, joyas familiares, dinero y objetos de valor guardados en una caja de seguridad. También observó que los placares y habitaciones de los niños estaban vacíos. Fue entonces cuando tomó verdadera dimensión de lo que estaba ocurriendo.

La situación se agravó pocas horas después. Sheila contó que recibió un llamado desde la seguridad del barrio cerrado donde vivía, informándole que la policía se encontraba allí para notificarla sobre una denuncia por violencia familiar presentada en su contra. Describió ese momento como el inicio de una verdadera pesadilla judicial y emocional.

Durante la entrevista también relató cómo, con el paso del tiempo, comenzó a comprender el aislamiento progresivo al que había sido sometida dentro de la relación. Según explicó, fueron sus propios hermanos quienes, al verla nuevamente después de mucho tiempo, le hicieron notar cuánto se había alejado de su entorno familiar y afectivo durante los últimos años.

Aunque es abogada, aclaró que nunca ejerció derecho de familia y que todo lo que aprendió sobre el funcionamiento del fuero fue a partir de su propia causa judicial. En ese contexto explicó que pasaron meses enteros sin poder ver a sus hijos mientras los expedientes avanzaban lentamente.

Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista llegó cuando recordó el primer encuentro supervisado dentro del proceso de revinculación realizado en el Centro CIPAMER de San Isidro. Sheila explicó que durante nueve meses no tuvo ningún tipo de contacto con sus hijos. Finalmente, luego de múltiples evaluaciones psicológicas y entrevistas, se produjo un encuentro supervisado bajo observación profesional.

Recordó aquella escena como una imagen imposible de olvidar. Dijo que había cámaras, vidrios espejados y equipos técnicos observando detrás de escena. Cuando vio entrar a su hija, aseguró que sintió que estaba frente a una nena completamente distinta, transformada por el tiempo y por la distancia obligada.

A lo largo del vivo, Sheila insistió en algo que atravesó toda la conversación: su prioridad absoluta sigue siendo el bienestar emocional y psicológico de sus hijos. Explicó que, aun teniendo posibilidades de acercarse físicamente a ellos, evita hacerlo de manera impulsiva porque no quiere provocarles más daño emocional ni alterar sus rutinas. Incluso reveló que muchas veces estuvo cerca de los lugares donde estudian los chicos y decidió no acercarse justamente para preservar la estabilidad emocional de los menores.

La entrevista también abrió un debate incómodo y poco frecuente dentro de las discusiones públicas sobre violencia y falsas denuncias. Tanto Sheila como Mimi Dominici coincidieron en cuestionar la idea de transformar estas problemáticas en una pelea entre hombres y mujeres. Durante el programa remarcaron que las falsas denuncias, la violencia psicológica y las manipulaciones familiares no son inherentes a un género específico, sino conductas humanas que pueden existir tanto en hombres como en mujeres.

En ese sentido, la historia de Sheila Szpira pone el foco sobre una realidad de la que pocas veces se habla: mujeres también pueden quedar atrapadas en denuncias y procesos judiciales que terminan separándolas de sus hijos durante años.

La reflexión final del vivo giró alrededor de una pregunta tan simple como incómoda: quién escucha verdaderamente a los niños mientras los adultos se destruyen entre expedientes, acusaciones y disputas judiciales interminables. Porque mientras las causas avanzan lentamente, hay vínculos familiares que se deterioran día tras día y niños que crecen lejos de uno de sus padres.

El caso de Sheila Szpira vuelve a exponer justamente eso: el dolor silencioso de una madre que asegura haber sido separada de sus hijos por una denuncia falsa y que, aun atravesando una situación límite, continúa priorizando la salud emocional de los menores por encima de cualquier reacción desesperada. Una historia que vuelve a abrir el debate sobre las consecuencias humanas que dejan las guerras judiciales familiares cuando la revinculación nunca llega.

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