HUMO, QUÍMICOS Y VECINOS ENFERMOS HACE AÑOS
“NO SE PUEDE NI RESPIRAR”: CRECE LA PREOCUPACIÓN POR EL AIRE TÓXICO EN ENSENADA
Un informe técnico volvió a poner bajo la lupa al complejo de YPF en La Plata tras registrar cientos de incidentes químicos en menos de una década. Vecinos denuncian afecciones respiratorias y una contaminación que ya forma parte de la vida cotidiana.
21 de Mayo de 2026
La alarma ambiental volvió a encenderse en Ensenada después de que un informe técnico revelara que el Complejo Industrial La Plata de YPF acumuló 232 emergencias químicas entre 2017 y 2025. El dato no sólo expone la magnitud del problema: también confirma lo que miles de vecinos vienen denunciando hace años mientras conviven con humo, olores tóxicos y problemas respiratorios cada vez más frecuentes.
Según el relevamiento difundido por el Consejo Profesional de Química bonaerense, el 64% de esos episodios fueron catalogados como “extensos”, totalizando 350 días bajo situaciones de emergencia. En otras palabras: durante casi un año completo, uno de los polos petroquímicos más sensibles de la provincia funcionó atravesado por incidentes de seguridad química que impactan directamente sobre el ambiente y la salud de quienes viven alrededor.
Pero lo más grave es que para muchos vecinos la contaminación dejó de percibirse como una excepción. Se volvió costumbre. Ardor en los ojos, picazón en la garganta, broncoespasmos, alergias y dificultades respiratorias forman parte de una rutina que se repite hace años en distintos barrios de la región. Hay noches donde el aire se vuelve irrespirable y ventanas que ya no pueden abrirse porque el olor químico invade las casas.
El informe también volvió a poner el foco sobre otro problema incómodo: la falta de controles reales. Desde el organismo advirtieron que la persistencia de estas emergencias refleja una vulnerabilidad grave y reclamaron fiscalización estatal permanente, rigurosa y transparente. Porque la seguridad química -remarcaron- no puede depender solamente de lo que las propias empresas decidan informar o controlar.
Mientras tanto, los vecinos siguen respirando humo y esperando respuestas que nunca llegan. Y la pregunta empieza a ser cada vez más difícil de esquivar: ¿qué hacen realmente los gobiernos provincial y municipal para proteger a quienes viven rodeados de contaminación, más allá de aumentar tasas, impuestos y servicios que después no se traducen en controles ni soluciones concretas? Porque cuando el Estado cobra cada vez más pero no puede garantizar algo tan básico como vivir sin enfermarse por el aire que se respira, la sensación deja de ser solamente abandono. Empieza a parecerse demasiado a pagar por derechos que nunca aparecen.
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