Niñez atrapada: el drama invisible detrás de las guerras judiciales familiares
El silencio de los inocentes: chicos atrapados en guerras de adultos
Mientras crecen las denuncias por conflictos familiares y disputas judiciales, la periodista Mimi Dominici impulsa un trabajo de campo escuchando testimonios de personas sobreseídas, familias desvinculadas y niños atrapados en medio de guerras de adultos. Una investigación que pone el foco en las falsas denuncias, la alienación y la necesidad urgente de que la Justicia escuche verdaderamente a las infancias.
22 de Mayo de 2026
En ese territorio incómodo, silenciado y profundamente sensible, la periodista y conductora Mimi Dominici comenzó un trabajo de campo que busca escuchar “la otra campana”. No desde la negación de las verdaderas situaciones de violencia que existen y deben ser combatidas sino desde la necesidad de abrir el debate sobre las falsas denuncias, las manipulaciones judiciales y las consecuencias devastadoras que muchas veces recaen sobre los niños.
Desde su programa y mediante entrevistas, testimonios y recorridas, Dominici viene recolectando historias de familias quebradas por procesos judiciales donde, según denuncian, nunca se investigó a fondo. Historias de personas absueltas después de años de cargar con acusaciones gravísimas. Historias donde el castigo llegó antes que la investigación.
Pero sobre todo, historias donde los niños quedaron atrapados en medio de una guerra de adultos.
“Los grandes se separan, pero los chicos pierden el mundo que conocían”, sostiene uno de los ejes del trabajo impulsado por Dominici. Porque mientras los adultos tienen herramientas emocionales para atravesar un divorcio o una disputa, los niños no entienden por qué de un día para otro desaparece mamá o papá. No entienden por qué ya no pueden volver a su casa, por qué alguien les prohíbe hablar con uno de sus padres, por qué sienten culpa por querer a ambos.
Y allí aparece una de las críticas más profundas hacia el sistema judicial: la falta de escucha real hacia los niños.
Dominici impulsa actualmente un proyecto orientado justamente a generar herramientas concretas para que la Justicia pueda escuchar verdaderamente a las infancias y detectar situaciones de manipulación, alienación, violencia psicológica o silenciamiento emocional. El proyecto nace también junto a otras madres, padres y familias atravesadas por denuncias que consideran falsas y por procesos de desvinculación prolongados.
“El interés superior del niño” es una de las frases más repetidas dentro del ámbito judicial y político. Pero la pregunta que plantea el trabajo de campo es incómoda: ¿realmente se está escuchando a los niños o solo se habla en nombre de ellos?
Los casos que conmocionaron al país aparecen inevitablemente en esa reflexión.
El caso de Lucio Dupuy, el niño de cinco años asesinado tras sufrir torturas y abusos sistemáticos, dejó una herida imposible de cerrar y una pregunta brutal sobre las fallas del sistema. También el caso de Ángel mencionado por Dominici como otro ejemplo de un niño que pedía no volver con determinados adultos y que, según las investigaciones, terminó muerto presuntamente a manos de su madre y su padrastro expone la necesidad urgente de revisar cómo se evalúan los vínculos familiares y qué lugar real tiene la palabra de los menores.
Porque cuando un niño pide ayuda y nadie escucha, el daño puede ser irreversible.
Uno de los puntos más polémicos del debate gira alrededor de la Cámara Gesell y los mecanismos actuales de evaluación infantil. Dominici y las familias que participan de este proyecto sostienen que muchas veces no se profundiza suficientemente en contextos de manipulación emocional o influencia psicológica sobre los menores. Plantean que no alcanza con protocolos estandarizados si no existe una investigación integral que contemple todas las variables familiares y emocionales.
El trabajo de campo no intenta instalar una “guerra de géneros” ni relativizar la violencia real. Lo que busca es abrir una discusión que, según quienes la impulsan, fue silenciada por miedo, prejuicio o corrección política: las falsas denuncias existen y sus consecuencias pueden destruir vidas enteras.
Y detrás de cada expediente, el costo emocional lo pagan principalmente los chicos.
Niños que dejan de ver a uno de sus padres durante años. Niños obligados a elegir entre mamá o papá. Niños que cargan culpas que no les corresponden. Niños arrancados de vínculos afectivos fundamentales mientras los adultos disputan poder, dinero, venganza o control emocional.
“Los chicos aman juntos a mamá y a papá”, repiten quienes acompañan este proyecto. “No quieren elegir”.
La reflexión final de Mimi Dominici es cruda, incómoda y profundamente humana:“La verdadera violencia empieza cuando un niño deja de ser escuchado. Cuando su dolor se vuelve un expediente. Cuando un adulto decide usarlo como arma. Cuando la Justicia mira papeles pero no mira a los ojos. Los chicos no nacieron para cargar las guerras emocionales de los grandes. No vinieron al mundo para aprender a odiar a su mamá o a su papá. Vinieron a ser amados, protegidos y escuchados. Y hoy hay miles que están gritando en silencio mientras todos los adultos discuten entre sí. El problema es que cuando finalmente queremos escuchar a un niño, muchas veces ya es demasiado tarde.”
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