EXCLUSIVO DIARIO IDENTIDAD: CONFLICTO LABORAL Y CRISIS SANITARIA
SEIS MESES SIN COBRAR Y UNA CLÍNICA CERRADA: ¿QUIÉN RESPONDE POR LOS TRABAJADORES DE LOS TILOS?
El Sanatorio Médico Los Tilos, ubicado en 2 y 41 de La Plata, cerró sus puertas y dejó a sus empleados sin certezas sobre su futuro laboral. Según testimonios recogidos por Diario Identidad, el personal habría trabajado durante meses sin percibir sus salarios, confiando en promesas de regularización. También denuncian falta de mantenimiento, equipamiento fuera de servicio y una clausura previa que, aseguran, les habían presentado como un problema próximo a resolverse.
15 de Octubre de 2026
El cierre del Sanatorio Médico Los Tilos, ubicado en la esquina de 2 y 41 de La Plata, abrió un interrogante que va mucho más allá de una persiana baja: ¿quién responde por los trabajadores que aseguran haber sostenido sus tareas durante meses sin cobrar y que terminaron encontrándose con las puertas cerradas? Diario Identidad recabó información en el lugar y reconstruyó, a partir de testimonios de vecinos, comerciantes y trabajadores, una situación que merece respuestas.
Según los testimonios recogidos, la deuda salarial habría alcanzado los seis meses. Aun así, parte del personal habría continuado trabajando con la expectativa de que la situación económica se regularizara. Las promesas de que los pagos llegarían y de que la actividad volvería a desarrollarse con normalidad habrían sido determinantes para que muchos siguieran cumpliendo sus funciones, pese a la incertidumbre.
Pero el desenlace fue otro. Los trabajadores relatan que un día llegaron para comenzar su jornada y encontraron la clínica cerrada. Volvieron durante los días siguientes con la esperanza de obtener alguna explicación o poder retomar sus tareas, pero aseguran que no consiguieron respuestas concretas. De acuerdo con sus declaraciones, se quedaron sin trabajo y con meses de salarios pendientes.
PROMESAS DE REAPERTURA Y UNA DEUDA QUE NO DEJÓ DE CRECER
Uno de los puntos más delicados de los testimonios tiene que ver con lo que habría sucedido antes del cierre definitivo. Los empleados sostienen que la institución ya atravesaba una situación irregular y que les habían comunicado que los inconvenientes se estaban solucionando. Según relatan, una responsable del establecimiento los habría reunido para transmitirles que la clausura se había levantado, que la clínica volvería a funcionar normalmente y que comenzarían a recuperar los haberes adeudados.
Confiaron en esa palabra. Siguieron trabajando y esperando cobrar. Sin embargo, de acuerdo con sus relatos, la reapertura no se concretó y nunca recibieron una explicación que despejara las dudas sobre el futuro del establecimiento.
La información publicada por El Día el 14 de octubre también dio cuenta de las denuncias por el cierre sin aviso suficiente y los salarios pendientes. Según ese medio, el personal había recibido un mensaje fechado el 3 de septiembre que anunciaba la interrupción de las actividades durante un mes por refacciones. Los trabajadores sostienen que la institución no volvió a abrir y que no se les informó adecuadamente sobre el destino de sus puestos de trabajo.
EQUIPOS ROTOS, FALTA DE MANTENIMIENTO Y UNA CLÍNICA BAJO CUESTIONAMIENTO
Los testimonios recabados por Diario Identidad también ponen el foco en las condiciones en las que se habría trabajado. Un profesional vinculado al servicio de radiología habría señalado que el equipo utilizado para realizar radiografías llevaba tiempo sin funcionar y que debían recurrir a un aparato manual, que también terminó averiado. Según ese relato, la falta de mantenimiento y de recursos los obligaba a resolver las dificultades con los medios disponibles.
Se trata de declaraciones que requieren ser contrastadas con documentación técnica y sanitaria, pero que plantean una pregunta ineludible: ¿en qué condiciones se desarrollaba la actividad y qué controles se realizaron sobre el funcionamiento de la institución?
Trabajar en un establecimiento de salud implica responsabilidades que no pueden reducirse a sostener la actividad como sea. El mantenimiento del equipamiento, las condiciones de funcionamiento y la seguridad de los pacientes deben ser prioridades. Por eso, si las irregularidades denunciadas se confirman, será necesario determinar qué responsables debían intervenir y qué medidas se adoptaron.
UNA CLAUSURA PREVIA Y DEMASIADAS PREGUNTAS
Según los testimonios aportados a Diario Identidad, el establecimiento ya habría sido clausurado con anterioridad por presuntas deficiencias en sus condiciones de funcionamiento. Los trabajadores sostienen que esa situación se extendió durante un período considerable y que luego recibieron mensajes tranquilizadores sobre una eventual normalización.
La clausura previa, sus motivos, las fechas exactas y una eventual habilitación posterior son aspectos que deben establecerse mediante los correspondientes registros oficiales. No son detalles menores: permitirían reconstruir qué sucedió, qué se comunicó al personal y bajo qué condiciones se pretendía retomar la actividad.
A la incertidumbre laboral se suma otra denuncia. Comerciantes de la zona sostienen que los problemas con el pago de salarios no serían nuevos y que la rotación de empleados habría sido frecuente. Esas versiones, por sí solas, no prueban una conducta sistemática, pero refuerzan la necesidad de investigar los antecedentes laborales y administrativos del sanatorio.
¿LA QUIEBRA Y EL FIN DE LAS RESPONSABILIDADES?
Entre los trabajadores consultados circula además la versión de que se habría presentado la quiebra de la institución. Algunos temen que ese procedimiento complique sus posibilidades de cobrar lo que se les adeuda y sostienen que la medida podría buscar evitar o dificultar los reclamos judiciales.
Ese señalamiento debe ser verificado: no se puede afirmar que la quiebra se haya presentado, ni atribuirle una finalidad de evasión de obligaciones, sin consultar el expediente correspondiente. La existencia de un proceso concursal o falencial tampoco permite concluir, por sí sola, que los créditos laborales hayan desaparecido. La situación de cada trabajador deberá analizarse según la documentación y las actuaciones que correspondan.
Lo que sí surge del reclamo es la urgencia de contar con información clara, asesoramiento y respuestas de quienes tenían a su cargo la administración del establecimiento.
TRABAJAR SIN COBRAR NO PUEDE CONVERTIRSE EN UNA CONDENA
Detrás del cierre de Los Tilos hay personas que, según denuncian, continuaron cumpliendo sus tareas mientras acumulaban meses sin cobrar. Trabajadores de limpieza, enfermería, cocina, administración y profesionales de la salud enfrentan ahora la incertidumbre sobre sus ingresos, sus puestos y la posibilidad de recuperar lo que consideran suyo.
No se trata solamente de una clínica que dejó de funcionar. Se trata de salarios que se reclaman, de promesas que los empleados aseguran haber recibido y de una explicación que todavía esperan. También se trata de esclarecer qué ocurrió con el establecimiento, cuáles eran sus condiciones de funcionamiento y qué organismos debían controlar su situación.
Diario Identidad deja planteadas las preguntas centrales: ¿quién responde por los salarios adeudados?, ¿qué ocurrió con la clausura y las condiciones sanitarias?, ¿qué documentación existe sobre el cierre y la eventual quiebra? Y, sobre todo, ¿qué mecanismos de protección tienen quienes siguieron trabajando confiando en que iban a cobrar?
Los trabajadores no pueden quedar atrapados entre una puerta cerrada y una deuda sin respuesta. Corresponde que los responsables y las autoridades competentes den explicaciones y que los reclamos sean examinados con la seriedad que merecen.
