MALTRATO A PERSONAS MAYORES
TIENE 100 AÑOS Y SU FAMILIA NO SABÍA LO QUE PASABA A PUERTAS CERRADAS
Marcela Coronel descubrió, junto a su familia, que la cuidadora de su madre la habría golpeado e insultado. Las cámaras de seguridad revelaron lo que nadie había advertido. La mujer fue detenida tras la denuncia. Una historia que expone la vulnerabilidad de quienes dependen de otros para vivir.
24 de Octubre de 2026
Acababan de celebrar sus 100 años. Pero detrás de las puertas de su casa, mientras su familia confiaba en que estaba bien cuidada, Berta habría sufrido una situación de violencia que terminó saliendo a la luz de la manera más dolorosa: a través de las cámaras de seguridad.
La periodista Marcela Coronel denunció públicamente que su madre era víctima de maltrato físico y verbal por parte de la cuidadora que la asistía. Su hermana revisó las grabaciones y comenzó a enviar videos al chat familiar. Lo que encontraron fue devastador: cachetazos, empujones, insultos y un trato violento hacia una mujer centenaria que, por su estado de salud, no podía defenderse ni comunicar con facilidad lo que estaba viviendo.
Coronel contó que quedó conmocionada al ver parte de las imágenes. La familia consultó cómo proceder y, al día siguiente, uno de sus sobrinos llevó las grabaciones a la Policía. La cuidadora, identificada en las publicaciones periodísticas como Norma Noemí Sandín, de 58 años, fue detenida e imputada por lesiones y amenazas, según la información difundida sobre el caso.
La mujer llevaba alrededor de dos años trabajando para la familia. Según relató Marcela, algunas actitudes anteriores habían generado inquietud, pero no habían permitido anticipar la dimensión de lo que las cámaras terminaron registrando.
EL PELIGRO DE CONFIAR SIN PODER VER
Este caso deja una pregunta que incomoda: ¿qué sucede cuando una persona mayor queda a solas con alguien de quien depende para comer, higienizarse, vestirse o simplemente atravesar el día?
Hay cuidadores que realizan su trabajo con una entrega admirable, con paciencia, profesionalismo y afecto. No corresponde sospechar de todos ni generalizar. Pero tampoco podemos ignorar que existen situaciones de maltrato que ocurren en la intimidad y que las víctimas no siempre pueden contar.
La edad avanzada, la discapacidad y los cuadros de demencia pueden dificultar que una persona relate lo sucedido, identifique una situación de abuso o pida ayuda. No son niños: son adultos con una historia, una dignidad y derechos que deben respetarse. Y necesitan protección, no violencia.
LAS CÁMARAS NO REEMPLAZAN EL CUIDADO, PERO PUEDEN REVELAR LO QUE NADIE VE
En el caso de Berta, las grabaciones permitieron advertir una situación que la familia desconocía. Por eso, cuando una persona mayor queda al cuidado de terceros, la supervisión no puede ser un detalle secundario: es parte de la responsabilidad de protegerla.
Observar cambios de conducta, escuchar lo que la persona pueda expresar, mantener contacto frecuente con quien la asiste y prestar atención a señales de miedo, lesiones inexplicables o un trato brusco puede resultar fundamental. Los sistemas de monitoreo, cuando se utilizan de manera legal y respetando la privacidad, también pueden ser una herramienta de prevención y esclarecimiento.
La historia de Marcela Coronel no debería quedar reducida a un video viral ni a la indignación de unas horas. Detrás de cada persona mayor hay una vida entera. Y cuando esa persona ya no puede defenderse por sus propios medios, la responsabilidad de quienes la rodean es todavía mayor.
Porque la pregunta no es solamente quién cuida a nuestros mayores. La pregunta es quién los protege cuando la persona que debía cuidarlos se convierte, presuntamente, en quien los lastima.
