UNA CIUDAD QUE PIDE AUXILIO
QUILMES NO DA MÁS: MARIANA BREY SE SUMÓ AL RECLAMO DE VECINOS CANSADOS DE VIVIR CON MIEDO
La periodista participó de un móvil de La Nación+ junto a vecinos de Bernal y dejó una definición que resume el hartazgo de una ciudad atravesada por la inseguridad. Después de sufrir un intento de robo, Brey decidió poner el foco en un problema mucho más grande: calles sin patrullaje, vecinos que se cuidan entre ellos y un sistema de salud que también arrastra años de deterioro.
2 de Septiembre de 2026
Mariana Brey no fue a Bernal a hacer política. Fue a hablar como periodista, pero también como una vecina que acaba de experimentar en carne propia lo que significa vivir con miedo. Después de sufrir un intento de robo cuando llegaba a su casa en Quilmes, la periodista decidió participar de un móvil de La Nación+ junto a vecinos que llevan tiempo reclamando por la inseguridad. Y lo más contundente de su intervención no fue contar lo que le pasó a ella, sino explicar que su caso es apenas una pequeña muestra de algo mucho más grande.
"Por lo menos esta es la cuarta reunión que se tiene acá con esta comisaría en particular que es la que está en el centro de Bernal, porque vienen ocurriendo muchos delitos de todo tipo desde hace mucho tiempo. No es de ahora, no es actual", explicó Brey frente a las cámaras. La frase desmonta de entrada cualquier intento de presentar el problema como una ola pasajera: los vecinos vienen reclamando hace tiempo y las reuniones con las autoridades se acumulan sin que aparezca una solución definitiva.
Su propio episodio ocurrió en pleno día. Dos motochorros la interceptaron cuando llegaba a su casa y uno de ellos se bajó del vehículo para intentar abordarla. Brey reaccionó corriendo y pidiendo auxilio, mientras los delincuentes finalmente escaparon. La secuencia quedó registrada por una cámara de seguridad y la periodista contó después que logró salir ilesa, aunque con la certeza de haber zafado de algo que podría haber terminado mucho peor.
Pero Brey decidió relativizar incluso su propia experiencia. "Lo que pasó con mi caso en particular, vuelvo a repetir, fue creo que un hecho liviano al lado de otras cosas que suceden. Le dio un nivel de visibilidad a lo que en realidad está pasando todos los días", sostuvo. Y agregó una frase que dice mucho sobre el lugar desde el que decidió involucrarse: "Si sirvió para eso la verdad que a esta altura tengo que decir, de alguna manera, digamos: bienvenido haya sido".
La periodista no estaba hablando solamente del robo que sufrió. Estaba hablando de una ciudad donde los vecinos se acostumbraron a reunirse con la Policía para explicarles cómo viven. "A la buena de Dios, pero no es como tenemos que estar", dijo. Y después planteó la pregunta que probablemente más incomode a quienes tienen responsabilidades sobre la seguridad: "Creo que el reclamo tiene que ver con ¿cuánta voluntad hay de querer resolver esto?".
Ahí está el verdadero núcleo de la discusión. Porque los vecinos no están pidiendo que les expliquen nuevamente que hay inseguridad porque lo saben, lo viven y lo padecen todos los días. Lo que quieren saber es si existe una decisión concreta de solucionarla. Quieren patrulleros en las calles, prevención antes del delito y una respuesta que no dependa de que una cámara de seguridad registre el ataque para que, recién después, alguien empiece a ocuparse.
Brey también dejó claro que el problema no termina en Bernal. "Después tenés otro tipo de delitos en el centro de Quilmes, a mí no me robaron acá, me robaron en el centro de Quilmes. Pero está pasando todos los días. Y pasa en Don Bosco, del otro lado de la vía, y pasa en este distrito y lamentablemente también pasa en otros".
La dimensión del reclamo aparece justamente ahí. No es una esquina, una comisaría ni un barrio. Es una sensación de inseguridad que atraviesa distintas zonas de Quilmes y que, según los vecinos, se volvió parte de la rutina. Una ciudad donde salir, volver a casa o estacionar el auto puede convertirse en una situación de riesgo que después se explica con la misma frase de siempre: podría haber sido peor.
Y mientras la inseguridad se instala en las calles, la salud pública tampoco ofrece demasiado margen para el orgullo. El Hospital Isidoro Iriarte, uno de los principales centros sanitarios del distrito, arrastra históricamente reclamos por infraestructura y condiciones laborales. En agosto de este año, trabajadores denunciaron precarización de personal, falta de estabilidad, problemas de cobertura y reclamos por mejoras en infraestructura. Al mismo tiempo, el Gobierno bonaerense mantiene obras de ampliación y modernización del hospital, entre ellas el nuevo pabellón pediátrico.
El contraste resulta difícil de ignorar. Afuera del hospital, los vecinos reclaman seguridad. Adentro, los trabajadores reclaman condiciones para poder garantizar atención. En las calles, los vecinos se organizan y se reúnen para pedir patrullaje. Y frente a una cámara, una periodista que acaba de escapar de un intento de robo termina diciendo algo que debería resultar obvio: "Lo que creemos y queremos todos los vecinos de todas las zonas y de todas las ciudades en donde vivimos en nuestra provincia de Buenos Aires es nada más ni nada menos que seguridad, que nos puedan resguardar, que nos puedan cuidar, que las calles estén patrulladas".
Pero quizás la frase más reveladora haya llegado al final: "No puede ser que siempre nos estemos arreglando con las cámaras entre los vecinos".
Porque esa frase describe una ciudad donde la tecnología terminó reemplazando a la prevención. Las cámaras graban, los vecinos comparten los videos, identifican a los sospechosos, alertan en grupos de WhatsApp y después vuelven a sus casas esperando que la próxima víctima no sean ellos.
Eso no es seguridad. Es supervivencia. Y cuando una ciudad necesita que sus propios vecinos hagan de patrulleros, investigadores, testigos y sistema de alerta mientras la inseguridad sigue avanzando y los servicios públicos acumulan reclamos, el problema ya no puede reducirse a un delincuente que apareció en una esquina.
El verdadero problema es qué pasa con el Estado, porque Quilmes no parece estar pidiendo una solución extraordinaria: está pidiendo que quienes tienen que hacerse cargo y tomar cartas en el asunto, lo hagan y con urgencia.
