De la escoba a la pasarela
De la escoba a la pasarela: la historia de Martín Cols, el barrendero que conquistó las grandes marcas sin soltar sus raíces
Tras superar graves lesiones en el fútbol y empezar a trabajar en la calle junto a su padre, un mensaje en redes sociales lo descubrió como talento de la moda. Hoy pisa fuerte en las pasarelas sin perder la sencillez de barrio.
13 de Septiembre de 2026
El asfalto de la ciudad conoce de esfuerzo silencioso, de madrugadas frías y de escobas que barren historias cotidianas. Pero a veces, entre cordón y cordón, la vida decide cambiar de libreto. Martín Cols lo sabe bien. A sus veinte y tantos, este pibe de barrio transita sus días con una dualidad que sorprende: por la mañana empuja el carro de barrendero siguiendo los pasos de su padre empleado del rubro durante dos décadas y, por la tarde, posa frente a las lentes de las agencias más convocantes del país.
Su camino no estuvo marcado por la alfombra roja, sino por el barro de las canchas y los vestuarios. Formado como futbolista, soñaba con afianzarse en el verde césped. Sin embargo, el destino clínico fue impiadoso: un desgarro en el cuádriceps, un esguince de rodilla y, cuando finalmente sumaba minutos en la reserva de Sacachispas, la peor pesadilla para cualquier deportista, la rotura de ligamentos cruzados.
"¿Y si esto no es para mí?", se preguntó más de una vez en la penumbra de la frustración. Con la necesidad de progresar, de independizarse y de dar una mano en su casa, se calzó el mameluco y salió a la calle a ganarse el pan.
Y fue allí, en medio de la rutina y el cansancio, donde la suerte le guiñó el ojo. Un mensaje directo en Instagram alteró la monotonía. Del otro lado, una cazadora de talentos le advertía algo que él mismo jamás había imaginado: "Tenés el cuerpo, tenés la cara, quiero verte en persona". Lejos de desconfiar de un mundo completamente ajeno, Martín se armó de coraje y pensó lo más sano que se puede pensar en esos momentos: no tenía nada para perder.
Así conoció a Ariel Ramírez, su actual agente. Firmó contrato y, de la noche a la mañana, su rutina se convirtió en un rompecabezas imposible: barrendero por la mañana, futbolista frustrado reconvertido y, casi sin escalas, cara de campañas de moda.
Por supuesto que el cambio no pasó desapercibido en el club. Las cargadas típicas de los compañeros no tardaron en llegar, esas bromas de vestuario donde la complicidad y el afecto tapan cualquier prejuicio. Martín no pudo ni quiso esconderlo; asumió su nueva faceta con la misma naturalidad con la que pisa los adoquines de la ciudad.
Hoy, con la mirada puesta en el futuro, no reniega de sus orígenes ni se marea con los flashes. Aspira a trabajar con las marcas más importantes, escucha las críticas constructivas con humildad y entiende que el verdadero éxito no pasa solo por la estética, sino por la convicción de seguir intentándolo cuando todo parece romperse. Martín Cols sigue barriendo su camino, paso a paso, pisando fuerte hacia adelante.
