17 DE OCTUBRE: DÍA DE LA LEALTAD PERONISTA
LOS DEDOS EN V Y LOS TRABAJADORES EN LA CALLE: JUAN CARLOS BERÓN CUESTIONA AL PERONISMO DE LA PLATA
Histórico dirigente del Sindicato de Taxistas de La Plata y trabajador del volante, Juan Carlos Berón recibió a Diario Identidad para hablar de una ciudad que lo decepciona, de puestos de flores retirados durante la madrugada y de un peronismo que, a su entender, perdió el rumbo. También defendió al taxi frente a las aplicaciones: no contra otros trabajadores, sino contra una competencia que considera desigual.
17 de Octubre de 2026
Juan Carlos Berón es un hombre de sindicato, de calle y de trabajo. Hace años que conduce el Sindicato de Taxistas de La Plata, pero no habla de los trabajadores desde un escritorio: también se sube al taxi, conoce el esfuerzo de sostener un vehículo y sabe lo que significa salir todos los días a ganarse el pan. Esa trayectoria explica su compromiso con el gremio y la confianza que construyó entre quienes ven en él a un dirigente dispuesto a dar pelea cuando está en juego la fuente laboral.
El 17 de octubre, Día de la Lealtad Peronista, Diario Identidad llegó a la sede sindical por invitación de Berón para compartir un desayuno y una entrevista mano a mano. Las imágenes de Juan Domingo Perón y Eva Perón acompañaban la conversación. También estaba Martita, su gata inseparable, y una pequeña capilla que forma parte de ese espacio. Pero el clima cálido del encuentro no le quitó filo a una charla que terminó apuntando directamente al corazón de la política platense: ¿qué queda del peronismo cuando quienes trabajan sienten que el propio Estado les da la espalda?
Para Berón, la respuesta no está en los discursos ni en las fotografías partidarias. Está en los hechos. Y uno de los ejemplos que pone sobre la mesa es el retiro de puestos de flores durante la madrugada. Detrás de esos puestos, sostiene, hay personas que trabajan, que dependen de esa actividad y que necesitan llevar un ingreso a sus hogares. Por eso cuestiona que una gestión municipal que se identifica con el peronismo tome decisiones que, desde su mirada, perjudican a trabajadores.
La crítica es directa: no alcanza con levantar los dedos en V para ser peronista. Para Berón, el peronismo nació ligado a la defensa de los trabajadores, a la dignidad del trabajo y a la justicia social. Si quienes viven de su esfuerzo terminan en la calle o pierden su sustento por decisiones del poder, la pregunta resulta inevitable: ¿dónde quedó esa doctrina?
Su malestar no pasa por una diferencia de colores políticos ni por una disputa de nombres. Lo que cuestiona es una contradicción que considera cada vez más visible entre lo que se proclama y lo que se hace. Desde su perspectiva, lo que hoy se presenta como peronismo en la ciudad es una deformación de sus principios: una identidad que conserva los símbolos, pero que se aleja de la obligación de proteger a quienes trabajan.
Y La Plata, para Berón, no puede analizarse solamente desde los despachos municipales. Hay que mirarla desde la vereda, desde el pequeño puesto que abre cada día, desde el volante de un taxi y desde cada familia que depende de una actividad para salir adelante. En esa ciudad concreta, la política deja de ser una consigna y se convierte en una cuestión de supervivencia.
El reclamo no es que los trabajadores tengan privilegios. Es que no sean tratados como un estorbo. Si una actividad debe ordenarse, el Estado tiene que hacerlo sin perder de vista que detrás de cada puesto hay una persona y una fuente de ingresos. Para Berón, defender a los trabajadores debería ser una obligación, no una bandera que se despliega en los actos y se guarda cuando llega el momento de gobernar.
Esa misma defensa atraviesa su pelea por el taxi, una actividad histórica de La Plata que hoy enfrenta la expansión de las aplicaciones de transporte. Berón no plantea su reclamo como una guerra contra otros trabajadores ni como una negativa a que la gente busque ganarse la vida. Su cuestionamiento apunta a las condiciones en las que compiten unos y otros.
Los taxistas deben cumplir requisitos específicos, contar con registro profesional y afrontar costos e impuestos vinculados a la actividad. Según denuncia Berón, las aplicaciones no enfrentan las mismas exigencias en las condiciones que él describe. El resultado, desde su perspectiva, es una competencia desleal: a un sector se le exige cumplir con determinadas reglas mientras el otro puede operar bajo condiciones diferentes.
Berón no está en contra de que nadie trabaje. Está en contra de que no todos compitan con las mismas reglas. Su planteo es que el transporte se reglamente como corresponde, que haya controles y que todos los que ofrecen el servicio tengan obligaciones claras. No pide que se les quite el trabajo a otros; reclama que el trabajo del taxista también sea respetado.
La discusión, además, no se limita a las habilitaciones o los impuestos. También se libra en las redes sociales, donde los taxistas reciben críticas y mensajes hostiles. Berón sospecha que parte de esa ofensiva podría estar impulsada por trolls vinculados a las aplicaciones, una interpretación que expresa en medio de la disputa por el mercado del transporte. Para él, esos mensajes buscan instalar la idea de que los taxistas están en contra de la gente que utiliza otras alternativas, cuando lo que reclaman es poder trabajar bajo condiciones justas.
Pero el taxi tiene algo que no se reemplaza simplemente con una aplicación: forma parte de la vida cotidiana de la ciudad. Es un servicio conocido, con una identidad, una historia y una relación de confianza construida durante generaciones. El usuario sabe que el vehículo está identificado, que lleva un número en la puerta y que existe una referencia a la cual recurrir para hacer un reclamo. Esa relación con el pasajero también es parte del valor que el gremio defiende.
La Plata tiene símbolos que forman parte de su identidad: la Catedral, el Bosque, sus museos y sus diagonales. Para Berón, el taxi también integra ese paisaje urbano. No es solamente un vehículo que traslada pasajeros; es parte de una tradición de trabajo y de un servicio que acompañó durante años el crecimiento de la ciudad. Modernizar el transporte no debería significar, desde esta mirada, borrar una actividad ni dejar a sus trabajadores librados a una competencia desigual.
La entrevista con Berón deja expuesta una discusión que va mucho más allá de un gremio. Habla de qué ciudad se quiere construir, de cómo se trata a quienes trabajan y de cuánto valen las convicciones políticas cuando se transforman en decisiones de gobierno. Porque el trabajador de un puesto de flores y el taxista tienen algo en común: dependen de su actividad para vivir. Y la defensa de uno no debería implicar el abandono del otro.
Este 17 de octubre, Berón reivindica una tradición política, pero también marca distancia con quienes considera que la desvirtúan. Su mensaje es incómodo precisamente porque apunta a una contradicción: no se puede hablar en nombre de los trabajadores mientras se toman decisiones que, para ellos, significan perder el lugar del que viven.
Los dedos en V pueden llenar una fotografía. La lealtad, en cambio, se demuestra cuando hay que decidir de qué lado se está. Y para Juan Carlos Berón, la respuesta debería ser clara: del lado de los trabajadores.
