EL TESTIMONIO QUE REABRE EL HORROR DETRÁS DE LA SERIE “CAUTIVA”
“CILICIOS, AZOTES, HAMBRE Y SILENCIO”: EVELYN, LA AMIGA DE SILVIA QUE CONTÓ DESDE ESPAÑA EL HORROR DE LAS CARMELITAS DESCALZAS
Evelyn Trinidad Garay estuvo más de tres años dentro del centro de clausura de las Carmelitas Descalzas de Nogoyá, Entre Ríos, y fue amiga de Silvia, la mujer cuya historia real inspiró la serie de Flow. Desde Valencia, España, habló con Mimi Dominici en el debut de Modo Sábado, por Real Politik FM, y contó cómo funcionaba el régimen de silencio, aislamiento, penitencias, cilicios, autoflagelación, restricciones alimentarias y control de los vínculos familiares.
27 de Septiembre de 2026
Hay historias que llegan a la pantalla y generan impacto. Y hay historias que, cuando se conoce lo que ocurrió detrás de ellas, dejan de parecer ficción. “Cautiva”, la serie de seis capítulos disponible en Flow, está inspirada en el caso real de Silvia Albarenque, una mujer que pasó aproximadamente catorce años dentro de un centro de clausura de las Carmelitas Descalzas de Nogoyá, Entre Ríos. Allí, según los testimonios que dieron origen a la investigación judicial, las prácticas de obediencia y penitencia llegaron a incluir aislamiento, restricciones, castigos físicos y diferentes formas de mortificación. Ahora, una mujer que estuvo adentro y que además fue amiga de Silvia volvió a contar desde España cómo era esa vida puertas adentro.
Se llama Evelyn Trinidad Garay. Ingresó en 2002 y permaneció allí durante tres años y tres meses. Fue amiga de Silvia y mantuvo con ella un vínculo que continúa hasta hoy. Las dos viven actualmente en España. Desde Valencia, Evelyn habló en vivo con Mimi Dominici durante el debut de Modo Sábado, el programa que conduce todos los sábados de 8 a 10 por RealPolitik FM, y su testimonio puso nuevamente sobre la mesa una palabra que atraviesa toda esta historia: tortura.
No solamente por el dolor físico, sino por un sistema que, según describió, buscaba quebrar progresivamente la voluntad de las mujeres que ingresaban. “Te destruyen la personalidad”, explicó Evelyn al referirse a lo que sucedía dentro del lugar. Y esa frase permite entender que, según su relato, el objetivo no era únicamente imponer reglas religiosas: era conseguir que las mujeres dejaran de comportarse como individuos con capacidad de decidir, cuestionar, elegir y expresarse.
El silencio era una de las herramientas fundamentales. No podían hablar libremente entre ellas y debían comunicarse bajo reglas estrictas. Las conversaciones estaban controladas y las relaciones personales quedaban subordinadas a las normas de la institución. Para Evelyn, se trataba de un proceso progresivo de despersonalización: dejar de pensar individualmente, dejar de cuestionar y aprender que la única respuesta posible era obedecer.
Pero el control no terminaba en las paredes del centro de clausura. También alcanzaba a las familias. Evelyn contó que las comunicaciones con el exterior estaban condicionadas y que las cartas que las mujeres enviaban podían ser supervisadas o incluso indicadas por las propias religiosas. Una situación que relató durante la entrevista con Mimi Dominici resulta especialmente reveladora: su madre se había teñido el cabello y desde el lugar le indicaron que debía escribirle para pedirle que regresara a su color anterior. Una mujer adulta, encerrada en una institución religiosa, terminaba recibiendo instrucciones incluso sobre lo que debía decirle a su propia madre.
Las visitas también estaban sometidas a restricciones. Según el relato de Evelyn, antes de ingresar no siempre se explicaba con claridad qué significaría realmente vivir en clausura ni cuáles serían las condiciones de aislamiento que encontrarían después. Una vez adentro, la distancia con la familia podía convertirse en una herramienta más de sometimiento.
Y después aparecía el cuerpo.
Los métodos de mortificación descriptos en los testimonios del caso son uno de los aspectos más estremecedores de la historia. El cilicio, por ejemplo, era utilizado como instrumento de penitencia. Se trata de un elemento que se coloca sobre el cuerpo y que, en las formas descriptas en la causa, podía tener puntas destinadas a provocar dolor y heridas en la piel. Evelyn contó en la entrevista que estas prácticas formaban parte de la vida cotidiana que conoció durante sus años de permanencia.
También estaba la autoflagelación. Golpearse deliberadamente para provocar dolor como parte de una práctica religiosa de mortificación. En los testimonios reunidos durante la investigación aparecen referencias a disciplinas y otras formas de castigo corporal que eran presentadas como medios para acercarse a Dios. El sufrimiento físico no aparecía como un accidente: era convertido en una práctica de penitencia.
Ese punto resulta particularmente brutal: el dolor era presentado como una virtud.
La lógica era que sufrir acercaba a Dios. Por eso las prácticas de mortificación podían ser justificadas dentro de una concepción religiosa extrema de la penitencia. Cilicios, disciplinas, ayunos y otras formas de castigo corporal quedaron mencionados en los testimonios que fueron incorporados a la investigación judicial.
La alimentación también formaba parte de ese régimen. Los testimonios de la investigación describieron restricciones alimentarias y períodos de ayuno, además de comidas extremadamente austeras. En el caso de Silvia, los relatos sobre su permanencia en el lugar describieron un deterioro físico que llegó a una delgadez extrema.
Mientras el cuerpo se debilitaba, la voluntad también era sometida.
Silvia permaneció allí durante aproximadamente catorce años. Evelyn pudo salir después de poco más de tres. Y esa diferencia explica, en parte, por qué hoy ambas cargan con historias distintas sobre un mismo lugar. Evelyn consiguió abandonar la institución en 2005. Silvia permaneció muchos años más.
La historia terminó en los tribunales. La superiora que estaba al frente de la institución durante el período investigado fue Luisa Ester Toledo, conocida dentro de la comunidad como hermana María Isabel. La Justicia la condenó a tres años de prisión efectiva por privación ilegítima de la libertad doblemente calificada por el uso de violencia y amenazas.
No fue una condena por una ficción televisiva. Fue el resultado de una causa judicial originada a partir de denuncias y testimonios sobre lo que ocurría dentro de aquel centro de clausura.
Ahora, diez años después de que el caso adquiriera repercusión pública, “Cautiva” vuelve a poner aquella historia frente a una audiencia masiva. Pero Evelyn aporta algo que ninguna ficción puede reemplazar: estuvo ahí.
Conoció a Silvia antes de que su historia llegara a la pantalla. Compartió con ella parte de aquellos años. Conoció las reglas, el silencio, las penitencias y las restricciones. Y hoy, desde Valencia, continúa hablando con ella.
Durante la entrevista, Mimi Dominici también le preguntó por una coincidencia que difícilmente pueda pasar inadvertida: ambas terminaron viviendo en España. ¿Fue una manera de escapar de aquella vida? ¿Fue una necesidad de alejarse de todo aquello que habían vivido?
La respuesta se encuentra también en la manera en que Evelyn reconstruyó su identidad después de salir.
Porque una persona puede abandonar físicamente un lugar y, sin embargo, tardar años en recuperar todo lo que perdió adentro.
Evelyn contó que las secuelas tienen que ver justamente con eso: volver a tomar decisiones, recuperar la propia voz, reconstruir una personalidad que, según su relato, había sido sometida durante años a una estructura de obediencia.
Y allí aparece otro dato que marca el contraste con aquella vida de represión. Durante la entrevista en Modo Sábado, Evelyn declaró que es homosexual y contó que hoy vive su sexualidad con libertad. Después de años en una estructura en la que, según su testimonio, la vida personal estaba sometida a reglas religiosas estrictas, hoy habla públicamente de su identidad y de su sexualidad sin esconderse.
También está preparando un libro en el que contará su experiencia y denunciará las situaciones que asegura haber vivido dentro de la institución.
Mientras tanto, sigue en contacto con Silvia.
Dos mujeres que salieron de aquel lugar y que ahora viven en España. Dos mujeres que conocen desde adentro una historia que durante años permaneció detrás de muros de clausura. Una historia en la que el silencio no era simplemente una elección religiosa, sino, según los testimonios, una regla; en la que el dolor físico podía ser presentado como una vía de acercamiento a Dios; en la que la alimentación, las comunicaciones, las visitas y hasta las palabras dirigidas a una madre podían quedar sometidas a control.
Y ahí está la verdadera dimensión de “Cautiva”.
No se trata solamente de una serie.
Se trata de una historia real que comenzó en Nogoyá, que terminó en los tribunales, que tuvo una condena judicial y que ahora vuelve a ser contada por quienes estuvieron adentro.
Evelyn Trinidad Garay estuvo tres años y tres meses.
Silvia estuvo aproximadamente catorce años.
Una salió antes.
La otra quedó atrapada durante más de una década.
Y ambas tuvieron que aprender, una vez afuera, a reconstruir algo que según el testimonio de Evelyn había sido sistemáticamente destruido: su propia identidad.
¿Qué pensás? Te leemos.
