INSEGURIDAD SIN FRENO EN LA PLATA
¿Ciudad segura? “Bajate porque te mato”: frenó en un semáforo y le robaron la Kangoo a punta de pistola en La Plata
Mientras desde el Municipio se exhiben informes que presentan a La Plata como una ciudad segura, en las calles los vecinos cuentan otra historia. Anoche, un joven de 19 años fue encañonado en 44 y 26 y obligado a entregar su Renault Kangoo, su herramienta de trabajo. Horas antes, en Olmos, otro hombre fue brutalmente golpeado y despojado de su moto frente a una vecina que esperaba el colectivo para ir a trabajar. Dos escenas de una misma ciudad: la que aparece en los informes y la que padecen quienes viven en ella.
7 de Octubre de 2026
“Bajate porque te mato”. No es una frase de una película. Es lo que escuchó anoche un joven de 19 años cuando frenó ante un semáforo en rojo en pleno corazón de La Plata.
Luca Porcarelli regresaba a su casa después de haber ido a comer al centro cuando dos delincuentes que se encontraban en una parada de colectivo se acercaron al Renault Kangoo. Uno de ellos se ubicó del lado del acompañante, sacó un arma y le apuntó directamente a la cabeza.
La orden fue clara: bajar del vehículo.
En medio de los nervios y el miedo, Luca intentó arrancar. No pudo. Terminó en el piso y uno de los delincuentes intentó golpearlo con la culata del arma. Finalmente, los dos asaltantes escaparon con la Kangoo, que además de ser un vehículo era su herramienta de trabajo.
Los delincuentes todavía no fueron identificados. La víctima aportará una grabación de mayor calidad para intentar colaborar con la investigación.
Pero el dato que debería generar alarma no es solamente que hayan robado una camioneta. Es el mensaje que queda después de un episodio así: en La Plata, para algunos vecinos, detenerse ante un semáforo puede convertirse en una situación de vida o muerte.
¿Hay que empezar a pasar los semáforos en rojo para no ser asaltado? ¿Hay que mirar permanentemente hacia atrás? ¿Hay que sospechar de cada moto, de cada persona que espera en una parada de colectivo, de cada esquina?
Ese no debería ser el modo de vivir en una ciudad.
Y mientras todo esto ocurre, aparece inevitablemente una pregunta incómoda frente a los informes oficiales que hablan de una ciudad segura: ¿segura para quién?
Porque los números pueden decir una cosa, pero hay una estadística que no aparece fácilmente en una planilla: el miedo con el que un vecino sale de su casa.
Y ayer, pocas horas antes del robo de la Kangoo, otra escena volvió a mostrar hasta dónde llegó esa sensación de indefensión.
Eran aproximadamente las 5:45 de la mañana cuando una vecina de Olmos esperaba el colectivo para ir a trabajar. Como cualquier otro día. En plena madrugada, observó cómo dos motos interceptaban a otro motociclista.
Lo derribaron, lo golpearon, lo insultaron y le robaron la moto.
La mujer relató la desesperación del hombre, que llegó a arrastrarse para intentar alejarse de sus agresores y evitar que la situación terminara todavía peor. Quedó golpeado, sin su vehículo y atravesando un fuerte estado de nervios.
La escena también dejó expuesta otra realidad: la de los testigos que quieren ayudar, pero tienen miedo.
La vecina contó que muchas veces piensa que debería intervenir, pero inmediatamente aparece la pregunta inevitable: ¿qué pasa si grito?, ¿qué pasa si me meto?, ¿qué pasa si el delincuente tiene un arma y termina disparándome a mí?
Y entonces el ciudadano queda atrapado.
No puede defenderse. No puede intervenir. No puede confiar en que alguien llegará a tiempo. Y, en muchos casos, tampoco puede siquiera sentirse seguro mientras espera un colectivo para ir a trabajar.
Eso también es inseguridad.
La discusión no debería reducirse a si una ciudad es “segura” o “insegura” según un informe. La pregunta central es qué está viviendo realmente el vecino cuando sale a la calle.
Porque mientras se presentan estadísticas y discursos tranquilizadores, en las esquinas hay personas que frenan en un semáforo y terminan con un arma apuntándoles a la cabeza. Hay trabajadores que pierden su herramienta de trabajo. Hay motociclistas golpeados y despojados de sus vehículos. Hay vecinos que esperan el colectivo mirando permanentemente a los costados.
La distancia entre un informe y la vida cotidiana puede ser enorme.
Y cuando esa distancia se vuelve demasiado grande, algo merece ser revisado.
Porque una ciudad no se siente segura porque lo diga un papel. Se siente segura cuando una persona puede volver a su casa, frenar ante un semáforo, esperar un colectivo o circular en moto sin pensar que en cualquier momento alguien puede apuntarle con un arma.
Mientras tanto, en La Plata, los vecinos siguen esperando respuestas.
Y, sobre todo, siguen esperando poder vivir sin miedo.
