INFANCIAS, VIOLENCIA Y UNA JUSTICIA QUE DEBE ESCUCHAR
“NO QUERÍA SEGUIR VIVIENDO”: EL DRAMÁTICO RELATO DEL HIJO DE ROMINA YAN Y UNA PREGUNTA INCÓMODA PARA LOS ADULTOS
Valentín Yankelevich contó en Infobae que sufrió golpes y maltrato psicológico durante su infancia, después de la muerte de su madre. Aseguró que llegó a pensar en la muerte y que su abuelo Gustavo fue quien finalmente lo escuchó. Su mensaje interpela a las familias, a la Justicia y a todos los adultos que tienen la responsabilidad de proteger a los chicos.
11 de Octubre de 2026
El joven describió escenas estremecedoras: relató que lo agarraban de los pelos, lo arrastraban por la escalera, lo golpeaban y lo dejaban encerrado. También recordó que le llevaban la comida horas después, fría, y se la dejaban en el piso. “No había lugar seguro”, explicó al recordar aquellos años.
El dolor llegó a un límite desesperante. Valentín confesó que tuvo pensamientos relacionados con la muerte y que, siendo apenas un niño, llegó a pensar que estaría mejor junto a su mamá. “No tiene sentido seguir así”, recordó. Su testimonio expone la dimensión que puede alcanzar el sufrimiento infantil cuando quienes deberían proteger a un chico se convierten, según su relato, en la fuente de su miedo.
Pero hubo alguien que finalmente lo escuchó. Valentín contó que su abuelo Gustavo Yankelevich creyó en él, lo acompañó a denunciar y comenzó un largo proceso judicial que terminó con la tenencia de los chicos a su cargo. El joven destacó que ese acompañamiento le permitió recuperar las ganas de vivir.
Su relato también revela que el camino estuvo marcado por declaraciones, intervenciones psicológicas y actuaciones judiciales durante años. Mientras tanto, aseguró que su padre sostenía que era inocente y se presentaba como víctima de la situación.
Hoy, a sus 23 años, Valentín decidió contar su historia para que otros chicos sepan que pueden pedir ayuda. Su mensaje fue contundente: “Escuchen a los chicos”.
Y la pregunta es inevitable: ¿cuántas veces un niño intenta contar lo que le pasa y los adultos no le creen? ¿Cuántas veces la voz de un chico queda relegada frente a la palabra de los mayores? ¿La Justicia escucha verdaderamente a las infancias o, en ocasiones, llega cuando el daño ya es profundo?
Escuchar a un niño no significa condenar sin investigar. Significa tomar en serio su relato, protegerlo y garantizar que pueda expresarse sin miedo. Porque detrás de cada expediente hay personas, sentimientos y una infancia que no puede esperar indefinidamente a que alguien la escuche.
Los chicos no son un expediente ni un trofeo entre adultos. Son personas. Y tienen derecho a ser escuchados.
¿Qué pensás? Te leemos.
