LA PLATA: UNA HISTORIA QUE VUELVE A PONER A LA INFANCIA EN EL CENTRO
Agustín Raimondo: contó que era bisexual, perdió el vínculo con su hija y lleva cerca de un año detenido
Su familia sostiene que el conflicto se agravó después de que el locutor platense le contara a su expareja que se había enamorado de un hombre. Hubo denuncias por presunto abuso sexual contra él y otros integrantes de su entorno. La causa fue archivada en dos oportunidades, según el relato publicado, aunque también existe una acusación por presunto daño psicológico que deberá discutirse judicialmente. Este martes 20 de octubre comenzaría el juicio oral.
19 de Octubre de 2026
¿Una persona puede perder la posibilidad de ejercer su paternidad después de contar que se enamoró de alguien de su mismo sexo? La pregunta atraviesa la historia de Agustín Raimondo, locutor platense cuya familia decidió romper el silencio y reconstruir una sucesión de denuncias, decisiones judiciales y un vínculo con su hija que lleva años sin poder recuperarse.
La historia comenzó mucho antes de que el conflicto llegara a los tribunales. Raimondo y Florencia Mascioli formaron una pareja en 2012 y en 2018 nació su hija. Después de nueve años de relación, en 2021 decidieron separarse. Según la reconstrucción de su familia, la ruptura parecía transcurrir de manera amistosa: continuaron trabajando juntos y compartiendo actividades familiares.
Pero en 2022 se produjo un cambio que, para el entorno del locutor, marcó un antes y un después. Raimondo se había enamorado de un hombre y comenzó una nueva relación. En febrero de ese año conoció a su nueva pareja y, en agosto, le comunicó a Mascioli que estaba iniciando una relación con otro hombre y que era bisexual. En septiembre, ella dejó la radio que compartían.
Dos días después, el 2 de octubre de 2022, se presentó una denuncia por presunto abuso sexual contra la hija de ambos. Un mes más tarde, se formuló una acusación similar contra el abuelo paterno. La familia sostiene que la situación escaló hasta involucrar a siete personas y que cada intento de acercamiento a la niña terminó abriendo un nuevo frente judicial.
Mónica Belcastro, madre de Raimondo, relató que ella y su esposo recibieron medidas perimetrales después de intentar ver a su nieta en el jardín de infantes. Según su testimonio, una jueza de Familia levantó posteriormente esas restricciones y autorizó visitas, pero después también se presentó una denuncia por presunto abuso contra los abuelos.
La secuencia, siempre según la reconstrucción familiar, incluyó a un amigo que acompañó al tío paterno a llevar regalos a la niña, a una psicóloga designada para intervenir en la revinculación y a un dirigente político. El entorno de Raimondo interpreta esa sucesión de presentaciones como una persecución; sin embargo, la cantidad de denuncias, por sí sola, no permite determinar si existió una conducta persecutoria ni establecer la responsabilidad de quienes las formularon.
La investigación por presunto abuso sexual tuvo un recorrido complejo. De acuerdo con la información publicada, las primeras evaluaciones no habrían aportado elementos incriminatorios suficientes y la causa fue archivada. En noviembre de 2023, la incorporación de nuevas grabaciones motivó su reapertura. Una pericia advirtió sobre posibles problemas de sugestión en los audios aportados por la madre, un elemento que debe analizarse en su contexto y no constituye, por sí solo, una demostración de que la denuncia fuera falsa.
En 2024, Raimondo obtuvo una resolución favorable para avanzar en la revinculación con su hija. Pero el acercamiento no llegó a concretarse. Durante 2025, según su familia, viajó con su madre a Tres Arroyos para intentar verla a la salida de la escuela y entregarle un peluche. Ante la negativa, se retiraron. También hubo episodios vinculados con publicaciones en redes sociales y el contacto con la abogada de su expareja. La familia sostiene que esas situaciones terminaron agravando su situación judicial.
En mayo de 2026, después de nuevas pericias psicológicas y psiquiátricas a ambos progenitores, la investigación por presunto abuso sexual fue archivada por segunda vez, según la reconstrucción difundida. Ese desenlace constituye un dato relevante, pero es necesario distinguir el archivo de una causa de una declaración judicial que establezca, de manera definitiva, que una denuncia fue deliberadamente falsa.
La situación de Raimondo, sin embargo, no terminó allí. Permanece detenido desde hace aproximadamente un año, de acuerdo con la publicación, en el marco de otra acusación vinculada con presuntos daños psicológicos derivados de maltratos, principalmente verbales. La evaluación pericial que menciona esa acusación identificó un daño psicológico moderado, cuya existencia y alcance deberán discutirse en el proceso judicial. Su familia cuestiona esa valoración y señala que Mascioli continuó con su vida laboral y sentimental. Esas circunstancias, por sí solas, tampoco permiten confirmar ni descartar el daño denunciado.
La Cámara de Casación bonaerense revocó la posibilidad de que Raimondo cumpliera la detención bajo arresto domiciliario, y su entorno sostiene que todavía espera una respuesta efectiva. Según la información publicada, el juicio oral comenzaría este martes 20 de octubre.
En medio de este escenario, hay una pregunta que merece ser planteada sin convertir una orientación sexual en una condena anticipada para ninguna de las partes: ¿qué lugar ocupa el derecho de una niña a mantener un vínculo con su padre cuando los adultos atraviesan un conflicto judicial de semejante magnitud?
Ser bisexual, homosexual o heterosexual no debería ser motivo de discriminación. Contarle a una pareja que uno se enamoró de un hombre no convierte a nadie, por ese solo hecho, en una persona incapaz de cuidar, amar o criar a sus hijos. La orientación sexual no determina la capacidad parental.
Por eso, la hipótesis que plantea la familia de Raimondo merece ser examinada con seriedad, pero también con responsabilidad: si existiera un componente de discriminación por su orientación sexual, estaríamos frente a una situación especialmente grave. Para establecerlo hacen falta pruebas, no solamente sospechas ni coincidencias temporales.
La prioridad, en cualquier caso, debería ser el bienestar de la niña, el esclarecimiento de todas las acusaciones y una evaluación judicial que contemple sus derechos sin convertirla en rehén del enfrentamiento entre los adultos.
Porque hay algo que no debería perderse de vista: una orientación sexual no debería robarle a nadie la posibilidad de ser padre. Y ninguna disputa entre adultos debería hacer desaparecer, durante años, el derecho de una niña a que su situación sea resuelta con justicia, sensibilidad y respeto.
