SALUD MENTAL, ESTIGMA Y ACCESO AL TRATAMIENTO
Momo mostró su lado más vulnerable: cuando la batalla más difícil se libra dentro de la propia cabeza
El streamer Gerónimo “Momo” Benavides habló públicamente de su salud mental y de los momentos de profunda angustia que atravesó. Su testimonio vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: hablar del sufrimiento es necesario, pero acceder a la ayuda profesional sigue siendo una dificultad para muchas personas.
22 de Octubre de 2026
Detrás de las transmisiones, las cámaras, los seguidores y la exposición permanente también hay una persona que puede sufrir, angustiarse y atravesar momentos en los que hasta las tareas más cotidianas se vuelven difíciles. Gerónimo “Momo” Benavides, uno de los streamers más reconocidos de la Argentina, decidió hablar públicamente de su salud mental y puso en palabras una realidad que todavía cuesta reconocer: no siempre se puede salir adelante solamente con voluntad.
En una entrevista, Momo contó que atravesó episodios de depresión y períodos de profunda angustia. También relató que recurrió a un psiquiatra y recibió tratamiento farmacológico. Su testimonio expuso la distancia que puede existir entre la imagen que una persona muestra hacia afuera y lo que realmente sucede cuando queda a solas con sus pensamientos.
El streamer describió momentos oscuros de su vida y explicó que, con el tiempo, pudo mirar hacia atrás y reconocer que había logrado salir de una situación que lo había afectado profundamente. Su experiencia no significa que todo esté resuelto ni que los días difíciles hayan desaparecido, pero sí permite visibilizar algo fundamental: atravesar un problema de salud mental no convierte a nadie en una persona débil.
EL SILENCIO TAMBIÉN PESA
Hablar de salud mental puede generar vergüenza, temor al juicio ajeno o la sensación de que los demás no van a comprender lo que sucede. Para muchas personas, admitir que necesitan ayuda implica enfrentarse a prejuicios que todavía persisten en la sociedad.
Durante años, el sufrimiento emocional quedó asociado a ideas equivocadas: que hay que aguantar, que pedir ayuda es una señal de debilidad o que alcanza con poner voluntad para superar cualquier situación. Sin embargo, cuando el malestar se vuelve persistente, buscar acompañamiento profesional puede ser un paso fundamental.
La exposición pública de experiencias como la de Momo contribuye a romper ese silencio. Quienes tienen una comunidad de seguidores también pueden utilizar su voz para recordar que detrás de una pantalla hay personas reales, con problemas que no siempre son visibles.
¿Y QUÉ PASA CON QUIENES NO PUEDEN PAGAR UN TRATAMIENTO?
Hay otra parte de esta discusión que no puede quedar afuera: no todas las personas que necesitan ayuda tienen los recursos económicos para acceder a ella.
Mientras algunos pueden recurrir a profesionales particulares, otros deben enfrentar largas esperas, dificultades para conseguir turnos o la falta de cobertura suficiente. Para quienes atraviesan una crisis, esas barreras pueden convertirse en un obstáculo adicional cuando más necesitan acompañamiento.
El problema no termina cuando alguien reconoce que necesita ayuda. También importa que existan servicios accesibles, profesionales disponibles y políticas públicas capaces de dar respuestas oportunas.
La salud mental no debería ser un privilegio reservado para quienes pueden pagar una consulta. Hablar de prevención también implica discutir cómo garantizar el acceso a la atención, especialmente para quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.
UNA CONVERSACIÓN QUE NO DEBERÍA DAR VERGÜENZA
El caso de Momo vuelve a poner en primer plano una pregunta necesaria: ¿cuántas personas atraviesan momentos de angustia sin animarse a contarlo y cuántas, aun después de pedir ayuda, no consiguen acceder al tratamiento que necesitan?
No alcanza con celebrar que una figura conocida se anime a hablar. El desafío es que esa conversación llegue a las familias, las escuelas, los lugares de trabajo y los espacios de decisión política.
La salud mental no distingue entre personas famosas y anónimas, entre quienes tienen miles de seguidores y quienes atraviesan su sufrimiento en silencio. Tampoco debería depender de la capacidad económica de cada uno.
Poder hablar es importante. Pedir ayuda es importante. Pero que esa ayuda exista y esté al alcance de todos también lo es.
Porque detrás de una sonrisa, de una transmisión en vivo o de una vida que parece funcionar perfectamente puede haber una lucha que nadie más ve. Y ninguna persona debería tener que atravesarla sola.
