DELITOS, EXTORSIONES Y CELULARES DENTRO DE LOS PENALES
LA CÁRCEL COMO CALL CENTER DEL DELITO: CRECE EL ESCÁNDALO POR LOS CELULARES EN PENALES BONAERENSES
Un fallo dictado en pandemia habilitó el uso de teléfonos en cárceles bonaerenses y hoy ya habría más de 60.000 dispositivos en manos de presos. Las denuncias por amenazas, estafas y extorsiones volvieron a poner bajo la lupa el negocio detrás de las rejas.
27 de Mayo de 2026
El uso de celulares dentro de cárceles bonaerenses volvió a quedar en el centro de la polémica tras múltiples investigaciones por delitos organizados desde los propios penales.
La autorización nació durante la pandemia para que los detenidos pudieran mantener contacto con sus familias. Pero con el paso del tiempo, fiscales y jueces comenzaron a advertir cómo esos teléfonos también eran utilizados para amenazas, extorsiones y maniobras delictivas coordinadas desde prisión.
Uno de los casos más conmocionantes fue el de Rodrigo, un soldado de 21 años que custodiaba la Quinta de Olivos y terminó quitándose la vida tras sufrir una extorsión presuntamente originada desde una cárcel de Magdalena.
Detrás del ingreso de celulares aparece además un negocio millonario: meter un teléfono a un penal común podría costar entre uno y dos millones de pesos, mientras que en cárceles de máxima seguridad las cifras llegarían hasta los 10.000 dólares.
Todo parece saberse. Todo parece estar tarifado. Y, aun así, nada cambia.
Porque cuando desde una cárcel se puede amenazar, estafar o destruir una vida con total impunidad, el problema deja de ser solamente penitenciario. Y pasa a convertirse en el reflejo brutal de un sistema donde la corrupción parece funcionar mejor que los controles del propio Estado.
