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Viernes 5 de Junio de 2026

CUANDO EL CUERPO AJENO PARECE SER DE TODOS

LAS APLAUDÍAN POR SER GORDAS, LAS CRITICAN POR DEJAR DE SERLO

Los cambios físicos de Evelyn Botto y Nathy Peluso volvieron a despertar cuestionamientos en redes sociales y dejaron al descubierto una contradicción cada vez más frecuente.

3 de Junio de 2026

En cuestión de días, Evelyn Botto y Nathy Peluso quedaron envueltas en una polémica similar. Ambas recibieron críticas por cambios físicos evidentes, pero no por haber aumentado de peso, sino por todo lo contrario.

Botto publicó un video en redes sociales donde habló sin filtros sobre su proceso de descenso de peso, mostró cuánto pesa actualmente y respondió a quienes cuestionan su decisión. Todo comenzó cuando una seguidora le pidió que no bajara de peso. La respuesta fue inmediata: "Gorda no es lo único que soy".

Lejos de pedir permiso o buscar aprobación, la conductora dejó en claro que seguirá adelante con el tratamiento porque se trata de una decisión personal. "Voy a hacer lo que quiera porque es mi cuerpo", sostuvo. También explicó que el proceso está acompañado por profesionales y apuntó contra quienes opinan sobre su salud sin conocer su realidad: "Cerrá el orto entonces si no sos médica. Porque estoy armándome todo un séquito de profesionales: médico clínico, psicóloga, entrenador, nutricionista y deportóloga".

Algo parecido ocurrió con Nathy Peluso. Sus últimas publicaciones despertaron comentarios de usuarios que cuestionaron su cambio físico y llegaron a acusarla de haber traicionado el discurso que supuestamente representaba. "Tanto que defendía las curvas y al final acaba en la moda de la delgadez", escribió una usuaria. "Vaya la que defendía los cuerpos redondos ahora está bien finita", apuntó otra.

Detrás de esos comentarios aparece una idea cada vez más frecuente: que quienes alguna vez fueron identificadas con la diversidad corporal tienen la obligación de permanecer para siempre en ese lugar. Como si cambiar de peso fuera una traición y no una decisión personal.

Y ahí aparece la verdadera contradicción. Durante años se reclamó que las mujeres dejaran de ser definidas por su cuerpo. Sin embargo, cuando una mujer modifica su cuerpo, vuelve a ser reducida exactamente a eso. Ya no importa lo que piensa, lo que hace o lo que construye. Importa cuánto pesa.

Estamos en 2026 y seguimos hablando de cuerpos ajenos como si fueran patrimonio público. Antes las críticas llegaban por engordar. Ahora también llegan por adelgazar. Cambian los discursos, cambian las consignas y cambian las redes sociales, pero la obsesión sigue siendo la misma. Lo verdaderamente revolucionario no sería aplaudir la gordura ni celebrar la delgadez. Sería entender, de una vez por todas, que nadie está obligado a quedarse para siempre en el cuerpo que los demás eligieron para él.

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