PRECARIZACIÓN, SALARIOS DE POBREZA Y RECLAMOS IGNORADOS: FUERTE PROTESTA FRENTE A CULTURA Y EDUCACIÓN
Trabajadores de Educación dijeron basta: paro y movilización por salarios que no alcanzan ni para llegar a fin de mes
Trabajadores de la Dirección General de Cultura y Educación realizaron un paro con movilización en calle 8 entre 46 y 47. Reclaman mejoras salariales, pase a planta permanente y recategorizaciones. Denuncian que los ingresos son insuficientes para cubrir gastos básicos y que muchos sobreviven recurriendo a préstamos que luego no pueden afrontar.
5 de Junio de 2026
La paciencia llegó a su límite. Trabajadores de la Dirección General de Cultura y Educación protagonizaron un paro con movilización frente a la sede ubicada en calle 8 entre 46 y 47, en La Plata, para reclamar mejoras salariales, pase a planta permanente y recategorizaciones que, según denuncian, continúan demoradas pese a años de servicio.
La protesta expuso una realidad que atraviesa a buena parte de los empleados estatales: salarios que pierden frente al costo de vida y trabajadores que, para sostener a sus familias, terminan atrapados en una cadena interminable de préstamos. "Hay compañeros que cobran, pagan deudas y vuelven a endeudarse para llegar al mes siguiente", señalaron durante la jornada.
Desde Diario Identidad dialogamos con Silvia Valdés, delegada de ATE, quien explicó que el reclamo no se limita a una cuestión salarial. También exigen el pase a planta de trabajadores que llevan años desempeñando funciones permanentes bajo condiciones precarias y una recategorización que refleje las tareas y responsabilidades que efectivamente realizan.
Mientras tanto, la movilización continúa. Los trabajadores permanecen en estado de asamblea y analizan los próximos pasos a seguir. Aseguran que no se trata de privilegios ni beneficios extraordinarios, sino de condiciones mínimas para poder trabajar y vivir con dignidad.
Detrás de cada expediente, de cada trámite y de cada oficina que sostiene el funcionamiento del sistema educativo bonaerense, hay trabajadores que hoy advierten que el salario dejó de alcanzar. Y cuando quienes sostienen el Estado deben endeudarse para sobrevivir, el conflicto deja de ser sectorial para convertirse en una señal de alarma que las autoridades ya no pueden ignorar.
